Opinión

Lázaro y el error político del PRD


 
A pesar de que la bandera del PRD en materia de reforma energética se sostuvo en la recuperación de la figura política de Lázaro Cárdenas, los perredistas le dejaron la negociación final al PAN con el PRI. Y ahí se dirimió el diferendo Cárdenas-Gómez Morín que comenzó en 1939.
 
 
De ahí que la victoria política del PAN al otorgarle este año la medalla Belisario Domínguez a Manuel Gómez Morín --fallecido en 1972-- había sido un mensaje político del panismo que los perredistas no entendieron: el PAN se fundó en el escenario de la confrontación entre proyectos, el de Gómez Morín contra el de Cárdenas.
 
 
El PRD estaba obligado a participar en la negociación de la reforma energética para defender las posiciones cardenistas, toda vez que el PRI desde cuando había abandonado el cardenismo como doctrina ideológica. Sin embargo, la estrategia política caprichuda de López Obrador obligó al PRD de los Chuchos a salirse del Pacto por México donde se afinaba la reforma y le dejó todo el espacio al PAN.
 
 
Por tanto, la derrota histórica del cardenismo se le debe acreditar a López Obrador, a Cuauhtémoc Cárdenas, al PRD y a Marcelo Ebrard, pues su política de adversarios --es decir: de lucha para aplastar al contrincante-- los dejó sin posibilidad de defender los principios petroleros cardenistas en el sistema de toma de decisiones.
 
 
En este contexto, la reforma energética propuesta por el presidente Peña Nieto para modernizar el sector se convirtió en el campo de disputa entre dos proyectos de modernización que venía desde 1939, como lo narra con precisión el libro "La visión modernizadora de Manuel Gómez Morín", de los investigadores Xóchitl Patricia Campos López y Diego Velázquez Caballero (editorial Popocatépetl): el de Lázaro Cárdenas basado en un estatismo socializante, con masas asumidas como organización y no como clase, con un partido que cerraba en corporaciones la participación política y con un presidencialismo autoritario construido sobre las cenizas del caudillismo de Plutarco Elías Calles; contra el proyecto de Gómez Morín y su propuesta de modernización liberal, democrática y posrevolucionaria.
 
 
El autoritarismo perredista que sólo acepta sus puntos de vista contribuyó en los hechos a la derrota histórica de Cárdenas. Lo más grave para el PRD, López Obrador y Cuauhtémoc Cárdenas fue que tuvieron la oportunidad de contribuir a la adecuación de la iniciativa del presidente Peña Nieto pero su voluntarismo autoritario se negó a cualquier participación en los espacios de negociación. Ahí fue donde el PAN se quedó con toda la oportunidad de darle su sello a la reforma, además de avalar las propuestas presidenciales.
 
 
El PRD, López Obrador y Cárdenas le apostaron --y lo siguen haciendo-- a la estrategia de suma cero de todo o nada, supusieron que los sectores progresistas iban a salir de su letargo para reconstruir la figura de Lázaro Cárdenas y confiaron en tener la capacidad para reventar la reforma; es decir, supusieron que el sistema político iba a reaccionar a los resortes cardenistas.
 
 
De poco le servirá a la coalición perredista caracterizar ideológicamente el dictamen final aprobado, si al final de cuentas la toma de decisiones en espacios democráticos es producto de un nuevo funcionamiento sistémico al que pertenece el propio PRD. Pero los comportamientos autoritarios del PRD y de sus principales dirigentes y caudillos llevaron al PRD y aliados al aislamiento político.
 
 
La principal lección para el PRD radica en percibir su incapacidad para funcionar en un escenario sistémico, en fijar su acción en el viejo modelo de las marchas y plantones, en ignorar el funcionamiento de las instituciones y en tratar de sustituir su minoría con el acarreo callejero.
 
 
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