Opinión

Laudato si’, ecología integral

 
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Papa Francisco


Por Víctor Manuel Pérez Valera

El documento Laudato si’ del Papa Francisco, a dos años de su publicación, sigue siendo en muchos ámbitos un libro completamente desconocido. Esta Carta Encíclica fue el principal regalo que el Papa Francisco hizo al presidente Trump. Ojalá lo lea el “magnate” y los presidentes y políticos que se caracterizan por no haber leído ningún libro.

Este escrito sobre el “cuidado de nuestra casa común” está dirigido a todos los hombres de buena voluntad que estén preocupados de salvar la tierra de tanto deterioro ambiental y social. Vivimos en un mundo roto, degradado y empobrecido: en una tierra herida por la deforestación en la que el agua, “el oro azul”, maravilloso líquido vital es despilfarrado y contaminado, y lo que es peor, en lo más íntimo de “nuestra casa” está el hombre, “lobo para el hombre”.

Desgraciadamente México es un magnífico ejemplo de este multiforme deterioro social, cultural y ético. En efecto, existe un enorme vacío de autoridad, una corrupción rampante: exgobernadores corruptos que regalaron sumas millonarias al partido del poder. Grandes cantidades del “oro negro” robadas de los acueductos de Pemex; varios medios de comunicación “vendidos” al gobierno, elecciones que levantan muchas sospechas, la venta a precios irrisorios, a parientes y amigos, del 10 por ciento de la reserva territorial de un Estado, y todavía más grave es el continuo incremento de la violencia, de homicidios, secuestros, violaciones, robos, etc., etc.

La Laudato si, hace una severa crítica al inmediatismo político: no se piensa en trabajar por el bien común y la justicia social a largo plazo, sino se busca un magro crecimiento a corto plazo como respuesta a meros intereses electorales (LS 178).

La Carta Encíclica propugna por una economía ecológica que tenga en cuenta a los más necesitados, como lo manifestó Robert Kennedy en un célebre discurso en la universidad de Kansas: “…Ni el fin de la nación, ni la satisfacción personal se encuentran meramente en lograr el 
bienestar económico, en amasar bienes terrenos.

No podemos medir el espíritu nacional sobre la base del índice Dow Jones, ni los éxitos del país sobre la base del producto interno bruto. Éste crece con la producción de armas nucleares,…pero no se tiene en cuenta la salud de las familias, la calidad de la educación, la alegría, el descanso… ni la justicia de nuestros tribunales, sin la equidad entre los ciudadanos…”

Ahora bien, ¿Qué soluciones propone la Laudato si,’ para implementar una ecología integral? ¿Cómo motivarnos para cuidar no sólo la naturaleza, sino también a nuestros hermanos más frágiles? El reto es enorme.

Ante todo la Laudato si’, termina con un mensaje de esperanza: “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la
belleza…”(LS 205).

Se nos propone una conversión, un cambio de mentalidad, una renovación ético-cultural; la educación en los más grandes valores del espíritu: una mística que nos impregne de la pasión por el cuidado de nuestra “casa común”.

Es menester cultivar la capacidad de salir de sí mismos y abrirse al otro: “esta actitud básica de autotrascenderse, rompiendo la conciencia aislada y la autoreferencialidad, es la raíz que hace posible el cuidado de los demás y del medio ambiente…cuando somos capaces de superar el individualismo, realmente se puede desarrollar un estilo de vida alternativo y se vuelve posible un cambio importante en la sociedad”…(LS 208).

El Papa nos invita a emprender un precioso desafío: “como nunca antes en la historia, el destino común nos hace un llamado a buscar un nuevo comienzo…que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida” (LS 207 -La Carta de la Tierra-).

Una verdadera conversión, un cambio en los estilos de vida, podría ejercer una sana presión sobre los que tienen el poder político y económico.

*El autor es profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

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