Opinión

Las 3 virtudes del
nuevo aeropuerto

Resulta difícil para un ciudadano común dimensionar el impacto y alcance de un nuevo aeropuerto de la magnitud del que fue detallado ayer. Si uno piensa en el antes y el después de las ampliaciones y remodelaciones que han tenido Heathrow, JFK o Barajas, es una historia distinta, porque todos esos aeropuertos ya tenían conectividad plena desde hace décadas. Sus remodelaciones o ampliaciones los potenciaron aún más, cierto, pero su relevancia se había gestado tiempo atrás.

En el caso del Aeropuerto Internacional Benito Juárez lo anunciado ayer cambia sustancialmente muchas ecuaciones en el país. Pasará de ser un aeropuerto provinciano a uno de clase mundial. Adiós a los techos bajos y claustrofóbicos del pasillo que te lleva al área de migración; adiós al manejo rudo de las maletas; adiós a los locales comerciales que parecen de terminal de autobuses de Observatorio; adiós a los asientos raídos, a los baños malolientes con WCs insuficientes; a las salas business lounge en esquinas donde nadie las planificó.

El nuevo aeropuerto presentado ayer tiene, en mi opinión, tres virtudes adicionales a la obvia, de conectividad. La primera es que será financiado con un esquema sofisticado que incluye las tarifas que pagarán sus usuarios a los largo de las siguientes décadas. Esto implica que el valor presente neto de los 169 mil millones de pesos que se invertirán es positivo. Su vida útil mínima es 50 años, y tiene la virtud de no constituir deuda pública.

La segunda virtud destacada es que forzará que toda la zona centro del país se desarrolle en los siguientes diez años. Más de once proyectos viales (incluida la conexión desde Cuernavaca y Acapulco y las radiales del Circuito Interior Mexiquense para conectar a Puebla a Veracruz), se sumarán a una batería completa de proyectos de variada índole: universidades, escuelas, hospitales, espacios públicos, etc.

La tercera es que desparramará un innumerable cúmulo de externalidades positivas inmediatas para la zona en la que se construirá, y de largo plazo para todo el país. Las más plausibles son las medioambientales, como la generación de biogás a partir de desechos o la creación del nuevo bosque metropolitano de 670 hectáreas. Incuso el aeropuerto actual será transformado en área verde.

Ayer dijo el presidente Peña que 160 mil personas serán empleadas en la construcción, y que se creará una Universidad de la Aviación. Habló también del nuevo bosque que tendrá la ciudad. El impacto social y medioambiental será positivo, duradero y de gran magnitud, no hay duda. Ojalá la sociedad toda (incluidos los habitantes de los municipios aledaños) esté a la altura de un proyecto que únicamente puede traer beneficios.