Opinión

Las soluciones responsables de Gabrielle Giffords


 
Primera representante federal por Arizona de religión judía, Gabrielle Giffords, una mujer atractiva y exitosa, que apoyaba las reformas del sistema migratorio y del seguro médico impulsadas por el presidente Barack Obama, así como la posesión de armas, resultó demasiado 'liberal' en el clima de odio y demagogia atizado por Sarah Palin y el Tea Party en 2011.
 
Palin, la palurda exgobernadora republicana de Alaska y candidata a la vicepresidencia en 2008 con John McCain, no quería que Giffords se reeligiera, por lo que incluyó su fotografía -dentro de la mira de una arma- en la 'lista de blancos' de su página en Facebook, junto a otros veinte diputados demócratas. "Estamos en la lista de Palin, pero el punto es que cuando la gente hace cosas así, tiene que entender que hay consecuencias", manifestó Gabby antes de la votación, en la que se impuso al exmarine Jesse Kelly, un veterano de Irak que basó su campaña en disparar su fusil automático M-16.
 
Mientras Palin y el Tea Party 'denunciaban' que Estados Unidos se encontraba 'agraviado' por la crisis económica y el desempleo, un desequilibrado con armas, Jared Lee Loughner, que en YouTube y MySpace se hacía eco de su extremismo, también propagado por Jan Brewer, mandataria de Arizona, quejándose del 'control mental' y del 'gobierno federal', decidió pasar a la acción y atacó a Giffords durante un mitin afuera de un supermercado en Tucson, hiriendo gravemente en la cabeza a la legisladora -hubo otros 13 lesionados en el tiroteo-, además de matar a seis personas.
 
Gracias a la ciencia médica en Houston, Giffords, quien se describía como 'exrepublicana', pudo recuperar su capacidad para caminar, hablar, leer y escribir; la semana pasada, en el segundo aniversario del atentado, ella y su esposo, el astronauta retirado Mark Kelly, indignados por la matanza de Newtown, Connecticut, fundaron el grupo Estadounidenses por Soluciones Responsables, que en alianza con el alcalde neoyorquino, Michael R. Bloomberg, y organizaciones como la Campaña Brady para Prevenir la Violencia Armada, buscarán frenar la sangrienta codicia de los fabricantes y vendedores de armamentos, que defienden sus intereses mediante la Asociación Nacional del Rifle (NRA) y los fanáticos del Tea Party en el Capitolio.
 
Mira electoral
 
Giffords, señala The Christian Science Monitor, sabe que para derrotar al lobby armamentista es necesario usar sus propios recursos, para lo que intentará recaudar veinte millones de dólares de aquí a las elecciones intermedias de noviembre de 2014 -plazo que Obama también debe aprovechar para sacar adelante sus reformas-, cifra similar a la que la NRA gastó en los comicios del año pasado. Para ello, nombraron como tesorero a Steve Mostyn, abogado litigante, especializado en demandas por lesiones, quien ya donó un millón de dólares para la causa luego de trabajar con los 'súper comités de acción política' Priorities USA y House Majority PAC, a fin de reelegir a Obama y los demócratas.
 
Mostyn posee un polígono de tiro en su rancho de Texas y simpatiza con la Segunda Enmienda, igual que Giffords y Kelly, excombatiente del Golfo Pérsico, quienes recaudaron 400,000 dólares en el primer día de su cruzada y son propietarios de armas, pero sostienen que tras masacres como la de diciembre en la primaria de Newtown 'los rifles de asalto sólo deben ser usados por militares'.
 
¿Lograrán sus objetivos? Si bien la influencia de la NRA y de su desorbitado líder, Wayne LaPierre, sufrió un golpe con su negativa a ceder un ápice en el control de arsenales y la propuesta de desplegar guardias en las escuelas, siguen disfrutando de un presupuesto anual de 300 millones de dólares capaz de comprar voluntades en los Congresos estatales, además de afiliar, aseguran, a 100,000 personas en los últimos 18 días.
 
Si Obama quiere arrancar de raíz el problema, tendrá que emplear sus facultades ejecutivas, respaldado, en el Capitolio, por la acción de Giffords, quien, como recuerda uno de sus colaboradores, C.J. Karamargin, edificó su carrera parlamentaria bajo la premisa de conciliar posturas antagónicas y encontrar soluciones.