Opinión

Las Restas de Zuma y las sumas de Sudáfrica tras las recientes elecciones

 
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[Nelson Mandela / Foto: Reuters] 

Por primera vez desde la llegada Mandela al poder en 1994, el Congreso Nacional Africano (ANC), el partido que tras medio siglo de lucha logró democratizar a Sudáfrica y derrumbar al régimen del Apartheid, ha recibido una fuerte derrota electoral que mueve el terreno del juego político del terreno racial al de los desafíos políticos, económicos y sociales y coloca a Zuma en una encrucijada.

Frustrados por una economía estancada desde el 2008, un nivel de desempleo que ha alcanzado en promedio el 27% -y entre la población negra mayoritaria casi el 40%-, la continuidad de la pobreza, la pésima distribución del ingreso y los altos niveles de corrupción e impunidad (destacando los alegatos contra el presidente Jacob Zuma), la población, 80% negra, 10% mestiza y 10% blanca se alejó del ANC en el poder en tres de las concentraciones urbanas más importantes del país.

El DA, blanco de origen, pero hoy multi- racial, que solamente controlaba hasta ahora Ciudad del Cabo-sede del parlamento- y la provincia del Cabo Occidental, capturó la semana pasada, liderado por un político negro, Mmudi Maimane, el 43% del voto en Tswanee- que incluye a Pretoria, la capital del poder ejecutivo del país- frente al 41% del ANC . En la Ciudad de Johannesburgo, la más importante de Sudáfrica, el ANC ganó apenitas con 44% del voto al DA. En el área metropolitana de Mandela Bay (Puerto Elizabeth), en la Provincia del Cabo Oriental, famosa por ser la provincia de origen de Mandela y eje fundamental de la lucha anti apartheid, DA aseguró el poder con su nuevo alcalde, Athol Trolip, un blanco. El ANC descendió del 66% a un triste 40%. Aun en el municipio natal del Presidente Zuma, el ANC perdió ante el Partido Inkata de la Libertad, el tradicional tercero en discordia, de naturaleza regional, dominado por la poderosa etnia zulú.

A nivel nacional, la pérdida de votos del ANC fue muy significativa. Desde la llegada de Nelson Mandela a la Presidencia en 1994 había obtenido dos terceras partes de los votos, necesario para cualquier reforma constitucional. Todavía en 2015 obtuvo el 62 % de los votos.

Ahora con 54% del total mantiene el control, apoyado básicamente por el voto rural; la DA sube al 27%; y el EFF, el nuevo partido radical de izquierda, de los Luchadores Económicos por la Libertad- una escisión del ANC- liderado por el controvertido Julius Malema, crítico acérrimo del presidente Zuma, obtuvo el 8%, que lo convierte en el fiel de la balanza en las grandes concentraciones urbanas, y específicamente en Pretoria y Johannesburgo, donde las diferencias de votos son muy pequeñas.

Según el Sunday Times de Johannesburgo (“ANC defies Zuma and woos Malema 7-8-16”), desde antes de las elecciones se iniciaron pláticas y negociaciones entre los líderes regionales del ANC y del DA con los alfiles de Malema para ver quien obtiene su apoyo. Los líderes regionales del ANC en Johannesburgo y Pretoria “han desafiado abiertamente al Presidente Zuma para atraer a una coalición a su archienemigo.” Pero éstos actúan cuesta arriba frente a los acuerdos que parecen haber avanzado el fin de semana entre el DA y el EFF.

En Port Elizabeth (Mandela Bay), las conversaciones de coalición se vinieron abajo entre el ANC y el EEF, cuando los radicales pusieron como condición de su apoyo la renuncia del Presidente Zuma. En cambio, el DA pudo asegurar su victoria con una alianza con partidos pequeños.

En la práctica –como señala el Sunday Times –“el poder para negociar coaliciones ha sido devuelto a las estructuras políticas regionales”, Zuma pierde terreno y la presión aumenta, ya que la legislación electoral exige que las coaliciones se garanticen a más tardar a las 6 pm del sábado 20 de agosto (dentro de 10 días), fecha y hora límite para que cada consejo municipal se reúna a elegir alcalde, vice-alcalde y portavoz del consejo. El cortejeo de dos semanas está adquiriendo un interés sin precedentes para el electorado sudafricano, que quiere ver quien administrará los municipios durante los próximos 5 años. En Sudáfrica tienen mucho poder, pues en las zonas urbanas el 80% de su presupuesto proviene de ingresos propios -impuestos e ingresos por servicios (agua, energía). Una buena parte de las campañas ha girado alrededor del mal gobierno, la desidia en el suministro de servicios públicos y la corrupción.

En medio de toda estas negociaciones flotan algunos temas nacionales, como el de la política económica, el reto del crecimiento, el empleo y los salarios, la educación, la salud, la seguridad social; y una cuestión crucial pendiente en Sudáfrica desde la llegada de Mandela en 1994: la de la propiedad de la tierra. Un 80% de ella sigue en manos de la población blanca, que representa poco menos del 10 % de la población. La reforma constitucional para la expropiación ha sido uno de los caballos de batalla de Malema y su partido, que los dos otros partidos han mantenido debajo del tapete. ¿Hasta cuándo? El país es un importante productor agropecuario y los conflictos derivados del proceso en el vecino Zimbabue -aunque las condiciones sean muy diferentes- enturbian el horizonte político de la más próspera Sudáfrica. Estos temas volverán a la palestra hacia las elecciones presidenciales de 2019.

En resumen, señala Justice Malala en The Guardian de Londres el domingo pasado, “La elección del miércoles fue un punto de inflexión fundamental para el ANC y para Sudáfrica. Llegó el momento en que el partido que lideró la lucha de liberación contra el Apartheid no pudo ya convencer a sus bases electorales y clases medias urbanas de que votaran por él. El país entra en una nueva era de competencia política en que las credenciales de luchas pasadas ya no son suficientes para gobernar.” Hay una población creciente que ha vivido y nació después del Apartheid, que tiene aspiraciones frustradas de mayor crecimiento, bienestar y buen gobierno.

Afortunadamente Sudáfrica, gracias a Mandela, superó desde un principio la añeja práctica de presidentes libertadores africanos vitalicios, al quedarse solo 5 años en el poder durante los cuales fue consistente con sus promesas. Mbeki lo sustituyó por los dos periodos presidenciales legales. Veremos si Zuma concluye su segunda presidencia constitucional, dados los tropiezos acumulados. No es difícil imaginar que en 2019 o 2024 Sudáfrica pueda ser gobernado por otro partido y que los retos políticos, económicos, sociales y culturales de fondo sean dirimidos en las campañas y resueltos en el gobierno diario, dejando atrás cualquier vestigio del racismo y discriminación.

Confío que el legado de Mandela seguirá vivo, aunque Sudáfrica y el mundo han cambiado y seguirán haciéndolo.

El autor fue embajador de México en Sudáfrica 2002-2007.

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