Opinión

Las reformas ¿y después qué?

08 octubre 2013 5:2

 
La estrategia económica de la presente administración se ha circunscrito a una agenda política en dónde el resultado es totalmente incierto. Nadie niega la relevancia de sacar adelante las reformas estructurales y en efecto, se abrió una ventana de negociación ante el triunfo del Partido Revolucionario Institucional y la decadencia de los partidos de oposición. Sin embargo, la oportunidad está pasando y es inexistente una plataforma que permita sacar adelante al país.
 
 
Hace apenas unos cuantos meses, gobierno y analistas estimaban un crecimiento de 4 por ciento en 2013 y ahora los pronósticos se mueven abajo del 2 por ciento. Lo irónico del asunto es que aun cuando hay avances en las reformas, la actividad económica sigue aletargada y las autoridades se empeñan en un cambio fiscal recaudatorio y recesivo.
 
 
Mientras otras naciones apuestan al crecimiento y a proporcionar empleo a través de incentivar el aparato productivo, internamente hay una concentración en mantener un equilibrio macroeconómico que arroja números muy positivos en términos de estabilidad, pero están lejos de verse reflejados en los bolsillos de los ciudadanos.
 
 
Peor, cuando la sombra de la recesión amenaza a los vecinos del norte por las consecuencias del apagón fiscal y que al ser nuestro principal socio comercial arrastraría a México a una caída en el PIB. Lo cierto es que si la economía mundial no inicia una franca recuperación, las transformaciones legislativas poco o nada harán por el futuro del país.
 
 
Bajo un enfoque meramente teórico liberal, con el avance en las reformas estructurales se podría inducir a una mayor entrada de inversión y por consiguiente elevar la producción y la ocupación; empero, el “factor tiempo” es crucial, porque la pobreza alcanza cada vez mayores niveles y amenazan con romper la tranquilidad social.
 
 
Como reza la vieja frase atribuida a Keynes: “en el largo plazo todos estaremos muertos”. El tema es que los tiempos también son esenciales en la política económica y la pregunta es si todavía estaremos vivos para cuando eso suceda o simplemente será demasiado tarde.
 
 
Al entrar a su segundo año, el reto de la presente administración es darle vuelta a la página de las reformas y aplicarse a implantar una estrategia que genere un mayor grado de empleo, porque además el ambiente de la negociación se empezará a calentar en la medida que las elecciones intermedias se acerquen.
 
 
En realidad, a un año de gobierno carecemos de elementos para pensar que México aumentará su nivel competitivo, ni hay un modelo que le permita enfrentar la globalización de una manera diferente a la actual. Seguimos en un esquema en donde la política de desarrollo industrial es “la no política de desarrollo industrial”
 
 
En tanto, en el entorno social, el enfoque asistencialista de la Cruzada contra el Hambre poco o nada hará para calmar a una población fastidiada por más de 30 años de crisis sucesivas, recesiones y promesas.
 
 
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