Opinión

Las pymes en la reforma a telecomunicaciones


 
“Si queremos conseguir cosas que nunca hemos conseguido tendremos que hacer cosas que nunca hemos hecho”. La frase se la atribuyen a Albert Einstein. Otros autores la afirman como anónima.
 
Hay otra más que se relaciona con este punto. Afirma que LOCURA es pretender obtener resultados distintos haciendo siempre lo mismo.
 
Y lo traigo a colación porque  justificadamente la iniciativa de Reforma a la industria de las Telecomunicaciones es histórica porque en su interior hay decisiones  que pueden representar grandes cambios para  la economía mexicana como lo representa, por ejemplo, el hecho de dotar de facultades extraordinarias a la Comisión Federal de Competencia Económica.
 
Otro de los grandes aportes de esta iniciativa está en la creación de dos nuevos canales abiertos en el panorama televisivo nacional.
 
Lo que sorprende a este columnista es el frenesí que los “grandes” comunicadores de este país han impuesto al análisis de este punto en específico.
 
Ciertamente es un gran aporte la intentona en lo específico, pero la sola presencia de dos nuevos canales no implica per sé que tendremos una programación distinta a la que hoy oferta la televisión mexicana en franca minoría frente al menú de programación que la televisión extranjera que la TV restringida lleva al hogar mexicano como menú. Una muy buena, la menos y otra tan mala o más que la “mexicana”.
 
Tengo que explicar a usted que el autor de estas líneas lleva 33 años haciendo televisión en México. La hemos hecho desde Canal Once en dos épocas distintas, Canal Trece, Imevisión, Congreso del Trabajo, Sistema Quintanaroense de Comunicación Social, desde las pantallas del Sistema de Radio y Televisión de Oaxaca, Tlaxcala y ahora desde Efekto TV y Canal 40.
 
Y si algo queda perfectamente claro es que dos nuevas opciones no garantizan una programación de calidad y apegada a la atención de los grandes retos nacionales.
 
A menos que en su ejercicio de RECTORIA la autoridad, la que concede concesiones o permisos de explotación de una señal, imponga condiciones de programación apegada a nuestras necesidades nacionales.
 
La televisión actual es dominada por determinados géneros como la telenovela (el melodrama hecho desgracia nacional), los programas de entretenimiento, los noticiarios y los cómicos de muy baja calidad.
 
Si usted se da cuenta ni la cultura, tan rica en este país, ni la historia, ni la salud, mucho menos la educación a padres y niños, ni el asunto de pésimos hábitos alimentarios  o el civismo se reflejan más que esporádicamente en las pantallas.
 
Tenemos una televisión en su mayoría  reactiva dominada por la superficialidad y la negación de los grandes problemas nacionales. ¿Se ha avanzado en 30 años? Si ciertamente, pero no en los terrenos necesarios en cuanto a calidad de programación. ¿Hay programación de excelente calidad? Sin duda, la menos.
 
Es innegable la necesidad de reconocer que también ha habido retrocesos y muy importes que involucran el modelo de selección de programación.
 
Hemos copiado y comprado. Entonces Directora de Canal Once Adriana Lajous, en 1994  presumía ante el cuerpo directivo del Sistema Oaxaqueño de Radio y Televisión que ella tenía en su pantalla la mejor programación cultural de México. Producía si acaso el 25 por  ciento de ella y el resto era comprada.
 
Oaxaca en ese entonces, bajo el mando de Héctor Parker Vázquez, producía el 85 por ciento de su contenido. Dígame ¿quien reflejaba más la realidad cultural de su respectiva responsabilidad?
 
Y aquí necesario hablar de las Pymes.
 
México ha sido formador de grandes cuadros de hacer televisión. Tanto Televisa como TV  Azteca, MVS, las grandes productoras han formado a experimentados  profesionales de la producción televisiva. La gran mayoría, con más de 40 años, están hoy en la pisca de oportunidades para tener ingresos.
 
Y la voluntad creativa señala que sería recomendable que, en primera, las nuevas concesiones o permisos que se extiendan se hagan con una programación etiquetada. No solo tendrá que existir un componente de producción propia  y nacional en la programación sino en temas específicos que generen un giro radical  en la programación respecto a lo que hasta ahora vemos en las pantallas.
 
Programas educativos, de soporte y apoyo a la Reforma Educativa, Programas que nos enseñen a padres y niños a cómo alimentarnos mejor, que “nos muevan” para abatir el sobrepeso y obesidad, programas que rescaten nuestra historia, nuestra cultura, nuestras realidades regionales, que devuelvan el amor a México a las nuevas generaciones, que tiendan puentes entre el qué hacer de gobiernos con los ciudadanos gobernados.
 
Y tratarlo de hacer mediante un modelo “todo en casa” suena tan complicado como absurdo. Parece momento para que se apoye la generación de Pymes productoras de Televisión a las que los nuevos permisionarios o concesionarios acudan para imprimir de las nuevas pantallas de televisión materiales que no solo resulten atractivos sino también útiles ante la realidad nacional.
 
Si se va a comprar programación, pues que sea a Pymes productoras mexicanas.
 
Unidades pequeñas capaces de tener creatividad, nuevas fortalezas innovadoras y enfoquen sus contenidos tratando de imponer una corresponsabilidad de su mensaje frente a lo que hoy tenemos como reto a cambiar en México.
 
Por esta Reforma pensamos, que en materia televisiva, se cuenta con la posibilidad de tener un parteaguas innegable. Vincular de nuevo el ejercicio televisivo nacional con los grandes temas y problemas nacionales. Parece deseable no desaprovechar la capacidad de convocatoria de las pantallas para apoyar la transformación nacional.
 
Y aquí impongo una voluntaria disculpa al  (a la) lector (a) . Este tema, desde que escribimos el libro “Espacios de Silencio, La Televisión Mexicana” en 1986 sigue siendo una llaga abierta para nosotros. Nos ganaron  las debilidades . Espero que el tema haya sido enriquecedor para usted, estimado (a) lector (a).