Opinión

Las puntadas del (es un decir) gobernador Duarte

1
   

    

Javier Duarte

Con un diario en la mano, orondo, el gobernador (es un decir) Javier Duarte subió al templete que correspondía a los mandatarios estatales en el Tercer Informe del presidente Enrique Peña Nieto. Provocadora imagen. Él, repudiado por periodistas y defensores de la libertad de prensa, presumía en Palacio Nacional a sus homólogos algo en el periódico, en concreto la primera plana de La Razón del 2 de septiembre.

“A departamento de Narvarte iban a arreglar un asunto de drogas”, rezaba el encabezado de la nota estelar de ese día de La Razón. ¿Comentaba Duarte a sus colegas, visiblemente complacido, la nota de ocho del tabloide? ¿Creía que tal información, surgida del segundo detenido por el caso donde murieron cinco personas, lo exoneraba? Difícil saberlo desde la lejana zona de prensa. En todo caso, en el templete se mostró sonriente, dispensó abrazos y saludos, como si la crisis de Veracruz no fuera suya, como si las cosas estuvieran para que él pusiera cara de patriótica circunstancia cuando el presidente, en su mensaje, decía aquello de “México tiene un compromiso ineludible con los derechos humanos y el respaldo a las víctimas de la violencia…”.

Dos semanas después, Duarte se sinceró en entrevista con El Universal: “El caso Narvarte no me preocupa, no es algo que me vaya a marcar”. Agregó que tiene problemas más importantes que el verse señalado en el asesinato, junto con otras tres mujeres, de un periodista y de una activista que le habían denunciado.

Ya encarrerado, en la entrevista aseguró que es el narco el que mata a los periodistas en su estado como consecuencia de que él, junto con las fuerzas federales, “hemos logrado abatir de manera muy significativa los índices delincuenciales” (aquí la entrevista con su singular teoría http://eluni.mx/1MoKKXU).

Pero la realidad es más terca que la manía del señor Duarte por tratar de ocultarla. El domingo siguiente a la entrevista con El Universal, se informaba del hallazgo en Pueblo Viejo, Veracruz, de los cuerpos de dos empresarios, padre e hijo, asesinados.

Es una tragedia no sólo para la familia y los amigos de quienes conocían a los señores Gómez. Porque este caso está lejos de ser aislado, o un evento que surja de manera accidental del vecino estado de Tamaulipas, lugar donde fueron secuestrados los Gómez (el típico “acá sólo los vinieron a tirar”). Por si hicieran falta pruebas, ahí está la nota principal del diario Reforma publicada la semana pasada (24/09/15): “Azota a Veracruz la narcoviolencia”. Que se sepa, esa primera plana no la anduvo presumiendo el (es un decir) mandatario jarocho.

Duarte está metido ahora en una nueva polémica, una que es pura grilla. Decidió que era una buena idea aventarse una gracejada para humillar, en un acto de la CNC el fin de semana, a un senador de su propio partido que había advertido que perseguiría la corrupción; como respuesta, el Ejecutivo estatal regaló al legislador una caña de pescar para desearle que también busque peces gordos en los partidos de oposición, “los de enfrente -dijo Duarte- son peores todavía”. Así se llevan.

Duarte puede estar confiado en que, fiel a su récord, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal nada saque en claro sobre lo ocurrido en la Narvarte. Tristemente, acierta al despreocuparse por ese caso.

En lo que sí erra es en pensar que sus omisiones y escándalos no tendrán consecuencias. Ahí está Nuevo León. O Jalisco. Donde la inacción de gobernantes fue castigada por los ciudadanos en las elecciones. Veracruz 2016 le espera, señor (es un decir) gobernador.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
EPN apuntala a AMLO
Ayotzinapa, año II: una hoja de ruta
Sergio y lo mejor de la vida