Opinión

Las otras mujeres
del debate

   
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Hillary Clinton en Ohio (Bloomberg)

Cuando el pasado domingo escuchaba y observaba a Hillary Clinton en su segundo debate como candidata a la presidencia de Estados Unidos, pensaba en esas otras mujeres que, sin ser las protagonistas de la contienda, terminan ocupando un sitio estelar.

En pleno debate, Trump se encargó de que frente a Hillary se sentaran tres mujeres que en su momento, años atrás, denunciaron a Bill Clinton por acoso sexual. Juanita Broaddrick, quien manifestó haber sido violada por Bill Clinton en 1978, pero que nunca ha presentado cargos; Kathleen Willey, cuya acusación por acoso sexual se remonta a 1993, pero que en otros momentos ha dicho que eso nunca ocurrió; y Paula Jones, quien en 1999 también interpuso una demanda por acoso sexual. En los tres casos Bill Clinton ha negado las acusaciones.

Para enfrentar los golpes bajos de Trump, Hillary retomó las palabras de Michelle Obama: “cuando ellos golpean bajo, nosotras nos mantenemos en alto”. Cierto, Michelle tiene toda la razón, la bajeza de un inescrupuloso Donald Trump hace resaltar la estatura personal y política de Hillary Clinton.

Durante el debate del pasado domingo pensé en la mujer más que en la candidata. Recordé lo que significa participar en un debate a la presidencia, la enorme responsabilidad que implica, el enfrentar los ataques del adversario, las preguntas y respuestas estudiadas una y otra vez sin saber cuál entre todas ellas va a ser la que deba responderse, las recomendaciones de los asesores e incluso la elección del traje adecuado que suele ser más observado en el caso de una mujer.

Por buenas y malas razones es común que durante la campaña casi todos aquellos que se acercan tengan una recomendación que hacer. Así como ocurre en el futbol, en que todos los espectadores se sienten directores técnicos, así también en las campañas sucede que la gran mayoría de las personas se sienten expertos para dirigir la contienda y dictaminar respecto de errores y aciertos. Todos creen tener la mejor estrategia y la respuesta ideal. Pero nadie, o muy pocos, quieren saber y se preocupan por el lado personal y humano de quien contiende, un aspecto tan importante, o más, que la logística de la campaña.

Recordé también muchos de mis diálogos con Patricia Mercado y Cecilia Soto cuando hemos compartido experiencias sobre nuestras respectivas campañas. No se trata de victimización y menos aún de hacer de esto una cuestión de mujeres, se trata de considerar que estas son las realidades que aún enfrentamos. Para una candidata no son suficientes sus aciertos y errores propios, también debe cargar con los de su pareja, aunque por años haya luchado ya contra esas historias.

Hillary Clinton ha enfrentado múltiples batallas y desafíos y no dudo que tiene la fuerza y el coraje para seguir avanzando tal como lo ha venido haciendo día con día, pero ayer pensé en ella, en la persona que respondía cada pregunta de los moderadores, de los ciudadanos presentes en el foro, y también respondía a los ataques de un adversario sin escrúpulo alguno. Todo esto mientras estas mujeres estaban ahí enfrente para traer a ese foro historias de un pasado que ella no provocó.

Al final y según diversas mediciones, Hillary ganó también este segundo debate. No obstante los cuestionamientos de algunos por no haber 'rematado' a Trump -ella y sus estrategas sabrán mejor que nadie sus razones-, Hillary ganó la noche del domingo mucho más que un debate, se sobrepuso con aplomo y entereza a una muy difícil situación personal.

Ojalá alguien de su entorno cercano se haya preocupado también por esa parte humana, ojalá alguien, que supongo no habrá sido su marido, le haya preguntado ¿cómo estás tú? En las campañas esta es la pregunta más ausente, la que casi nadie hace, la que en los momentos adversos permite despojarse del traje y del personaje de candidata para permitirse sentir como cualquier otra persona.

En mi campaña una sola persona me hizo esta pregunta. Nunca he olvidado quién fue, en qué contexto la hizo y menos aún la lección de vida que me dio. Porque dentro del personaje siempre está la persona y en campañas casi todos se ocupan de la contienda y muy pocos de quien contiende.

Este domingo ganó la candidata Hillary, es cierto, pero la que ganó más fue Hillary la mujer.

Twitter: @JosefinaVM

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