Opinión

Las oficinas

 
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Ricardo Monreal.

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil vio a Ricardo Monreal, delegado de la Cuauhtémoc, sentado en una silla desvencijada en una habitación vacía. Su gesto se acompañaba de un ademán (sí, a los gestos los acompañan los ademanes) de brazos abiertos, como si fuera a pronunciar la gran frase política de Clavillazo: “nuunca me hagan eeeso”. “La delegación está en quiebra, económica y moral, sin miles de trabajadores que reclaman espacios porque llegaron los aviadores y estás lleno”. Probablemente exista una crisis financiera, que por lo demás el delegado y auto destapado precandidato a la jefatura de Gobierno del DF deberá documentar, pero rayos y centellas, ¿una crisis moral? ¿Una quiebra de valores, las facultades del espíritu derruidas, un caos del bien y del mal?

Gamés imaginó a los empleados en llanto, perdidos por los pasillos de la delegación: Godínez, no sé qué hacer, mi espíritu ha recibido un golpe letal pues los perredistas se llevaron hasta los lápices, ayúdame, Godínez. Y así, todos los trabajadores hundidos en una crisis moral se sientan en el piso como si fueran a jugar “botella”. Oiga, Monreal, ¿no es un poco demasiado? Que se sepa, en la delegación no encontraron cadáveres, ni cámaras de tortura, ni hechos que pudieran afectar la vida moral de las personas. Oh, sí, y se le ha ocultado a los medios: mujeres encadenadas en jaulas desde hace meses, hombres secuestrados, trata de personas, en fon. La madre de todas las batallas por unas sillas, unos escritorios y unos lápices. Muy bonito.

Entre dos enemigos
Las gritos y sombrerazos de Monreal se desprenden del pleito entre Morena y el PRD, o más propiamente entre Morena y el Gobierno del Distrito Federal. En la asunción (gran palabra) de delegados en la Asamblea, los morenos llamaron delincuentes electorales a los delegados perredistas. Amenazas, insultos, pancartas y una trifulca en los palomares de la Asamblea. Mientras son peras-pancartas y manzanas-amenazas, Gamés les tiene una mala noticia: en medio del zafarrancho de los delegados están los habitantes de la ciudad. En las delegaciones perredistas, los morenos les harán la vida de cuadros; en las de los morenos, los perredistas harán lo propio e impropio. Una breve lista para el litigio: obra pública, luz, agua, basura, ambulantes, derechos de suelo, parquímetros. ¿Cómo la ven? Sin asomo de albur.

La secretaria de gobierno, Patricia Mercado, lo supo ver: “si la pluralidad política de las 16 delegaciones trae solamente confrontación, provocará parálisis y quienes perderán serán los ciudadanos. La ciudad no merece eso”.

En Tlalpan
La delegada de Tlalpan, Claudia Sheinbaum, denunció un terrible saqueo en la delegación. Su periódico El Universal acudió a un recorrido y los reporteros encontraron esto: paredes con salitre, cubetas en las oficinas para acopiar el agua de las goteras, techos colgados por la humedad, “los archivos están por aquí y por allá”. Según el equipo de transición, “las computadoras nuevas fueron sustituidas por máquinas viejas, los muebles están roídos, las sillas no tienen brazos y los forros están descarapelados”. Las salas de espera funcionan como bodegas donde se acumulan bolsas de basura.

La verdad sea dicha (muletilla financiada por Liópez y Morena) y sin afán de polemizar como sirios y trojanos, ¿o como era?, lo que Sheinbaum recibió es el retrato vivo de prácticamente todas las delegaciones de la ciudad, verdaderos cuchitriles burocráticos. ¿Alguna vez han estado en las oficinas de una delegación la lectora y el lector? Es como para salir pitando como alma que lleva el diablo.

Siempre queda la posibilidad de que Sheinbaum acuse al exdelegado de Tlalpan y los suyos de mantener paredes salitrosas, crear goteras en los techos de muy mala fe, salas de espera a oscuras, sillas raspadas, en fon. Y a todo esto, delegada Sheinbaum, ¿cómo está Carlitos? Si lo ve, cosa probable pues vive con él, salúdelo de parte de Gamés. Dígale que cada vez que Gilga va al súper y le dan su mercancía en bolsas, no sabe por qué en su mente aparece Carlos Imaz. Cosas raras que tiene la vida. La delegada Sheinbaum ha realizado el sueño que en Imaz se incumplió. Se le atravesaron unas bolsas del súper. C’est la vie.

La máxima de Vittorio de Sica espetó en el ático de las frases célebres: “La Biblia enseña a amar a nuestros enemigos como si fueran nuestros amigos, posiblemente porque son los mismos”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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