Opinión

Las ocurrencias del 'Peje'

 
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Peje

Cada vez que Andrés Manuel López Obrador abre la boca para hacer propuestas en lugar de culpar de todo a la mafia del poder, es sólo para decir pendejadas, tal vez por eso evita hacerlas.

La última, la de pretender descentralizar las dependencias del gobierno a entidades en donde las actividades que desarrollan son más afines a ellas. Tal vez en el papel la idea suene bien y hasta romántica; sin embargo, llevarla a cabo tendría enormes repercusiones económicas, funcionales y de operación, tanto para el erario público como para las familias en la cuales varios de sus miembros trabajen en el sector público.

A pesar de que ahora El Peje ya ha recorrido algo de mundo, no se ha dado cuenta que no hay un solo caso de éxito en el cual se justifique que la descentralización de las dependencias de gobierno a las provincias, sea una buena decisión.

Como dice el experto en políticas públicas y coordinador de asesores de Margarita Zavala, Demian Sánchez Yeskett. El primer problema que representaría tal medida es el costo del cierre de oficinas, así como el de apertura. La logística requerida para trasladarlas también presenta un reto mayúsculo. De igual manera, mover a 1.7 millones de personas que trabajan en la administración pública federal con sus familiares a sus nuevos centros de trabajo, implicaría un gasto que ningún presupuesto podría aguantar.

La infraestructura urbana que requiere soportar y dotar de los servicios básicos a esta población es enorme. Son contadas las ciudades en el país que pudieran resistir este embate humano sin sufrir un menoscabo importante en la calidad de vida de sus actuales moradores.

López Obrador también amenaza con crear nuevas secretarías como la de Minería, de Pesca y de Ganadería, tal vez pensando que ello no aumentaría el gasto de la burocracia.

Pero vamos a presumir que AMLO logra cristalizar su idea de la descentralización. Imaginemos los miles de viajes que se requieren para establecer sólo la coordinación entre dependencias del gobierno federal. Supongamos que se tiene que hacer una reunión de cualquier tema en la cual se requiere el concurso de varias dependencias de gobierno, pues todos tendrían que viajar al sitio de la reunión para llevarla a cabo y al término regresar a sus lugares de destino; y al otro día hacer lo propio para ir a otra junta en donde esté asentada la secretaría que haya convocado la reunión. La idea del Peje atenta contra la coordinación, la eficiencia y el ejercicio escrupuloso de recursos humanos y económicos.

Ya en el seno familiar, veremos que un padre trabaja en el gobierno y la madre en el sector privado. Qué decisión tomarían para mantener el seno familiar. Moverse todos, renunciar a su empleo o dejar a los hijos a su suerte.

¿Cuántos burócratas pedirían su retiro para no ser trasladados, habría el suficiente presupuesto para pagar las liquidaciones?

Y después qué pasaría en la CDMX al repentinamente quedar vacantes millones de metros cuadrados de viviendas y oficinas, al tiempo de impactarla brutalmente con dejarla sin la fuerza de consumo que representa varios cientos de miles de servidores públicos.

En el mundo se ha privilegiado la idea de concentrar las oficinas de gobierno federal en un solo lugar, como Brasilia, Ottawa o Washington DC, en lugar de pulverizar su presencia a lo largo del territorio nacional.
López Obrador debería prepararse mejor o por lo menos rodearse de asesores mejor calificados en lugar de ratas y tránsfugas, y así estar en condiciones de hacer propuestas viables, creativas y, sobre todo, que acarreen algún beneficio al país, en vez de pretender dar saltos al vacío, proponiendo acciones que ya en el pasado demostraron su fracaso.

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