Opinión

Las mujeres de Walmart

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Walmart

Cuando asisto a alguna comida de esas gigantes que organizan las grandes cámaras empresariales suele haber poquísimas mujeres. Puede estar el presidente Peña encabezándolas, pero en el lugar se cuenta una minoría de personas del sexo femenino. También hay juntas a las que asisto en diferentes empresas en las que únicamente hay hombres. Es una sensación curiosa: ocho, diez, o doce individuos con sus trajes y su solemne formalidad, y ni una sola mujer, reflejando un divorcio constante con el mundo real afuera de la sala de juntas.

De acuerdo al reporte Closing the Gender Gap: The Gender Parity Taskforces, publicado por el Foro Económico Mundial en marzo, México entró en un importante proceso para reducir la brecha de género desde 2012. Sin embargo, el reporte nos ubica con un índice de 0.69 unidades (países más igualitarios como Francia, Alemania o Reino Unido se ubican por encima de 0.74 unidades). En el documento se establece que “las mujeres con mayores niveles de responsabilidad suelen tener más dificultades para hacer compatibles el trabajo con su matrimonio o la maternidad”. En adición, México es el país número 80 en el reporte Global Gender Gap del WEF, y en materia de Participación Económica calificamos en la posición 120. Patético.

En muchas ocasiones son las empresas globales las que ponen el ejemplo de la reducción en la brecha de género. Por eso llama la atención la noticia dada a conocer por Walmart el martes, que hizo corte de caja y reportó que “en 2014 más de 11 mil mujeres ascendieron a puestos superiores” y que en toda la empresa trabajan más de 100 mil mujeres. ¿Qué iniciativas impulsa Walmart? Varias. Entre otras, “apoya el programa de transferencias por calidad de vida para reubicar a asociados a unidades o centros de trabajo más cercanos a sus hogares y programas de flexibilidad laboral que incluyen políticas postnatales para madres y padres, turnos fijos en periodos de lactancia, así como turnos fijos para padres solteros…”

La participación de la mujer en la vida productiva y en la toma de decisiones de alto nivel en México debería ser materia de una reforma estructural más allá de las cuotas para los partidos en las cámaras legislativas o de ciertos reconocimientos a empresas incluyentes. Urge que, así como la reforma energética obliga a las empresas que obtengan grandes contratos a tener un mínimo de contenido nacional, se establezcan cuotas obligatorias para las empresas de tamaño mediano y grande. Ideas hay millones: incentivos fiscales para empresas equitativas; responsabilidad civil a las discriminadores; etcétera.

¿Cuándo daremos el brinco a la equidad? En Walmart ya hay más mujeres que hombres. Es perfectamente posible.

Twitter: @SOYCarlosMota

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