Opinión

Las masas y
la responsabilidad individual

La violenta multitud que golpea con saña a policías en el Estadio Jalisco es una representación triste y lamentable de lo que algunos pueden llegar a ser, pero no de lo que somos.

Según la teoría del contagio, de Gustave Le Bon, todos podríamos actuar así si por alguna circunstancia formáramos parte de una multitud, pues ésta se rige por la imitación, el anonimato y la transfusión de emociones.

El individuo, incorporado a la masa, se despoja de sí mismo y actúa en función de la conducta colectiva, abandona la razón e interpreta su ventaja numérica como un “sentimiento de potencia invencible”. Así, “cede a instintos que, como individuo aislado, hubiera refrenado forzosamente”.

Le Bon fue tan convincente que, autor de finales del siglo XIX, influyó notoriamente a lo largo del XX, incluso en lo que va del presente, en el estudio de la psicología social y de la psicología multitudinaria.

Pero ya Freud, a pesar de creer que la gente reunida en una muchedumbre se aleja de su comportamiento individual y es menos consciente de la naturaleza de sus actos, objetaba en Psicología de las masas que “si los individuos que forman parte de una multitud se hallan fundidos en una unidad, tiene que existir algo que los enlace unos a otros, y esto podría ser muy bien ser aquello que caracteriza a la masa”.

Este pensamiento tuvo cabida en la teoría de la convergencia, de Floyd Allport, que sostiene que entre los miembros de las multitudes “existe un conjunto de afinidades para interactuar en conjunto”.

Esto es, que, a diferencia de la teoría del contagio, que afirma que las muchedumbres determinan la conducta de sus integrantes, la teoría de la convergencia sostiene que la gente que quiere actuar de cierta manera se une para formar una muchedumbre.

Esta teoría abandona una vertiente del determinismo y devuelve la responsabilidad a cada individuo al revelarle que no es una víctima de la masa. (Hubo muchos porristas del Guadalajara que se alejaron de la violencia. Una decisión individual, al margen del grupo.)

Si la policía hubiera ido a quitarles las bengalas a los seguidores de Gandhi, éstos las habrían sujetado con fuerza, pero nadie se hubiera lanzado a masacrar a los agentes.

Los términos que usamos para referirnos a grandes grupos de personas suelen tener cargas peyorativas: la masa, la muchedumbre. Pero también ha habido multitudes que han cambiado para bien al mundo. Y ni si quiera es necesario citar ejemplos.

Los responsables de los hechos ocurridos en el Estadio Jalisco deben ser castigados. Hay quienes dicen que lo que hicieron “no tiene nombre”. Pues debe tenerlo, porque el derecho penal sólo sanciona aquello que está tipificado.

A la par de la ejecución de todas las medidas preventivas que se requieran, debe haber sentencias. Hay que desterrar la impunidad de nuestra muy peculiar psicología social, que suele confundir los delitos con travesuras y la violencia con entusiasmo hincha.

Unos son los aficionados al futbol, lo que incluye a la mayoría de los porristas organizados del país, y otros los delincuentes. La diferencia debe tener efectos en las consecuencias jurídicas que debe asumir cada quien de acuerdo con sus actos.