Opinión

Las mamás, el mejor regalo de Dios

 
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Día mamá. (Cuartoscuro)

Hoy, 10 de mayo, escribo mi artículo semanal, mismo que será divulgado el viernes en las páginas de El Financiero.

Se lo dedico a las mamás, a las madrecitas adoradas que son el mejor regalo que Dios nos ha dado a sus hijos.

Recuerdo una escena: mi esposa recibiendo en sus brazos, en la cama del hospital en donde atendieron su parto, a nuestro primer hijo. Una escena indescriptible de amor, un niño que lloraba y una mujer que lo atraía hacia su pecho para darle, de su cuerpo, para alimentarlo, la bendita leche materna.

¡Gracias Dios mío! Me has dado a mí también el mejor regalo de mi vida.

Respeto todas las creencia, pero no entiendo, particularmente después de ser parte de esta escena, cómo puede negarse la existencia de Dios.

El hijo adorado es parte del cuerpo de su madre. Lo tuvo en él durante largos nueve meses, y lo alimentó y lo amó desde que supo que lo iba a concebir.

El amor es el sentimiento más noble y trascendente de los seres humanos. El amor a Dios, a la familia, a los amigos, a los seres humanos…y algunas religiones, entre ellas la católica que yo profeso, nos piden amar a nuestros enemigos.

El Creador se hace hombre para entregar su vida, llena de sufrimiento durante Su pasión y muerte en la cruz, a favor de nosotros, sus hijos.

Su madre está al pie de esa cruz, sufriendo con El aquellos terribles momentos. Inimaginable dolor de una madre que contempla la muerte de su hijo clavado en la cruz…pero el gozo de su resurrección debe haber sido también indescriptible.

Madres de toda índole.

Madres que en su pobreza material demuestran su grandeza espiritual al llevar en un rebozo al hijo adorado y sentirlo palpitar sobre su espalda lo que le da la fuerza necesaria para esas largas caminatas que debe emprender.

Madres que tienen que trabajar largas horas para sostener a la familia de un padre ausente, pero cuyo premio es el cargar, arropar y acostar a ese pedazo de cielo con el que Dios la ha favorecido.

Madres que ven crecer a sus hijos y disfrutar –quizás más que ellos- los triunfos que van alcanzando.

Madres que sufren intensamente la enfermedad de sus hijos y que no se separan de su lado hasta que alcanzan su recuperació.

Madres que mueren en vida cuando ven morir a alguno de sus hijos, pero que tiene que recuperarse para poder continuar con su labor diaria hacia los hijos que aún tiene que cuidar.

Madres que gozan con intensidad los triunfos de sus hijos y lo presumen –algunas- sin recato alguno a diestra y siniestra.

Madres que sufren el mal comportamiento de alguno de sus hijos y quisieran estar junto a él, en la cárcel, para mitigar su pena.

Madres que se sienten obligadas a regañar, a confrontarse, a discutir con los hijos que han perdido el buen camino, intentando que cambien esa ruta que los lleva al precipicio.

Madres que educan, que enseñan, que ayudan en las tareas, y que hacen lo imposible para conducir a sus hijos por el buen camino…en ocasiones sin éxito.

Madres que en las buenas y en las malas siempre están presentes.

Gracias Dios mío por el inapreciable regalo que a mí me has dado en vida: una madre y una abuela que me inundaron de amor. Una mujer, mi esposa, que inunda de amor, también, a nuestro hogar y lo transmite a nuestros hijos.

El amor es el sentimiento más hermoso y positivo que nos ha otorgado El Creador. Gracias Dios mío, con él aumentas mis gozos y haces mas leves mis penas.

Mañana será otro día.

El autor es presidente de Sociedad en Movimiento.

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