Opinión

Las limosnas del Conaculta en Jalisco

Hace unas semanas visité la zona arqueológica de Palenque. El aura mágica de ese sitio es tan poderosa que cualquiera la experimenta, incluso si ya se estuvo ahí en anterior ocasión. Sólo una cosa no me gustó. Pensé, ingenuamente, que el Conaculta y el INAH tendrían dispuesta alguna cosa especial con motivo del 20 aniversario, que se cumplió en junio, del descubrimiento y apertura de la tumba de la llamada Reina Roja. No había tal.

Pensándolo bien, la falta de cualquier conmemoración en Palenque por la Reina Roja tiene todo el sentido del mundo. Pues en el gobierno de Enrique Peña Nieto resulta difícil, sino que imposible, definir cuál es, o en qué consiste, el proyecto cultural de este sexenio. Lo anterior me vino a la mente de nueva cuenta esta semana, cuando se dio a conocer que un museo que se ha pensado como un gran revulsivo para Guadalajara, como destino turístico y capital cultural, recibirá como apoyo del Conaculta la inverosímil cantidad de cinco millones de pesos. Una verdadera limosna, me dijo ayer un promotor cultural que ha trabajado tanto en Jalisco como en otras partes de México.

Me refiero al llamado Museo de Arte Moderno y Contemporáneo La Barranca, una iniciativa que a pesar de sus promotores lleva años dando traspiés y que nació a principios de la década pasada con grandes aspiraciones, tan grandes que se quiso que ese lugar, La Barranca de Huentitán, en una de las orillas de la capital jalisciense, fuera la sede de un nuevo Guggenheim. El proyecto del mismo estaría a cargo del arquitecto mexicano Enrique Norten, el ayuntamiento tapatío puso el terreno pero luego todo colapsó en medio de cambios internos de la fundación Guggenheim y del gigantismo del proyecto original, que se calculaba en más de 200 millones de dólares.

En una siguiente etapa, el diseño del proyecto del museo fue puesto en manos del prestigiado despacho Herzog & de Meuron. Pero de nueva cuenta, problemas locales (entre ellos las protestas por la tala para construir el recinto) detuvieron la obra, que finalmente se quedó atorada en el ocaso del sexenio del nada memorable gobernador panista Emilio González Márquez.

Un museo de arte contemporáneo para Guadalajara puede ser una buena idea. El proyecto de Herzog & de Meuron es muy armónico con el entorno de La Barranca. Su costo se calcula en alrededor de 300 millones de pesos. Si se toma en cuenta el llamado Efecto Guggenheim, es decir, la forma en que Bilbao se benefició del hecho de que ahí se construyera en 1997 el imponente recinto del arquitecto Frank Gehry, la inversión para el proyecto tapatío no parece en absoluto descabellada.

Que la máxima autoridad cultural de México aporte cinco millones de pesos para el museo de La Barranca está lejos de representar el empujón que ese proyecto requería. Es más, como me recordaba ayer un colega de Jalisco, ahí mismo en La Barranca hay dos orquestas juveniles que sí verían en un monto de esa naturaleza la diferencia entre la vida y la muerte. Lo otro es una limosnita. Un gesto simbólico, en efecto, pero simbólico del hecho de que 20 meses después de iniciado este gobierno carecemos de una idea clara sobre lo que pretende Peña Nieto para México en términos de cultura.