Opinión

Las lecciones del Mundial (III)

Lección 13.
Jugar todos los minutos.

Los octavos de final de Brasil 2014 nos recuerdan que hay que jugar los 90 minutos y, en su caso, los 120. Los equipos con tradición de ganadores (los grandes competidores, los desarrollados) pueden ganar en diez minutos; los que van hacia arriba y aspiran a un sitio entre los grandes deben jugar todo el tiempo. El control de la presión, la cabeza fría, la serenidad en los momentos clave, hacen la diferencia. No siempre gana el que juega mejor, sino el que es capaz de superar los instantes de crisis.

Lección 14.
Los tiempos extra.

El tiempo adicional exige un gran esfuerzo físico, pero también concentración. Es indispensable tener energía para seguir corriendo, pero no basta. La inteligencia debe seguir jugando. En los partidos de la vida, la empresa, la política, los proyectos personales, casi siempre el triunfo o la derrota se define en los tiempos extra. Hay que estar preparados para jugarlos. En todas las biografías de los triunfadores hay frecuentes episodios de tiempos extra y hasta de penaltis. No hay personaje histórico ni empresa ganadora que no haya tenido que jugar tiempo adicional. Viene bien tenerlo presente: si sueñas con ganar, prepárate para muchos partidos de 120 minutos.

Lección 15.
Los equipos y las grandes individualidades.

Los equipos son equipos, pero a todos les hace falta tener entre sus filas a uno o a dos cracks, aquellos que son capaces de reinventar el juego, modificar la tendencia, resolver un partido. Abundan en este Mundial. Ojalá usted los tenga en su escuadra y pueda conducirlos de tal manera que jueguen para el equipo, aporten su creatividad y entreguen su mejor esfuerzo. Los cracks no son estrellas, sino personas especialmente dotadas para los momentos clave.

Lección 16.
México.

Por perder con Holanda, a los jugadores mexicanos y a su cuerpo técnico se les ha cargado con estudios o venalidades psicológicas de 500 años o se les han echado en cara los errores de detalle.

Pero no perdieron por genética ni por un pisotón de más. Perdieron porque en el deporte se gana y se pierde. A lo largo de su participación demostraron que no fueron a luchar bocarriba como un gatito frente a un gran felino, sino de igual a igual. A veces se pierde, sí, pero no hay que arrojarles la historia encima.

México desempeñó un magnífico papel en la primera ronda porque jugó como equipo, y perdió en octavos porque durante 15 minutos sus integrantes no sabían a qué jugar. Mientras unos creían que la estrategia era defender la victoria, otros creían que se trataba de ampliar la ventaja. Las dos estrategias pueden funcionar, siempre que el equipo juegue en el mismo sentido.

No hay que llevar al extremo la queja o la crítica, sino aprender. Y más que cebarnos en la Selección, hay que trasladar la enseñanza a nuestra propia vida y a nuestro propio equipo, y recordar que un equipo funciona no sólo por tener buenos jugadores, buena condición física y buena actitud, sino porque todos sus elementos saben, en todo momento, a qué se juega. Esta, como líder, es su responsabilidad.