Opinión

Las lecciones de la
paliza a Trump

1
     

       

Piñata Trump. (Reuters)

Las reacciones y los efectos negativos por las declaraciones groseras y estúpidas de Donald Trump sobre los migrantes mexicanos se le vinieron en cascada: las cadenas de televisión Univisión y NBC le rescindieron sus contratos; lo siguieron Televisa y Carlos Slim, así como la tienda departamental Macy´s. México se retiró de la competencia de Miss Universo. Colombia y Costa Rica le siguieron. El alcalde de Miami-Dade regresó 15 mil dólares que el magnate había donado a su campaña y lo declaró persona non grata. En redes sociales se ha convertido en el hazmerreír de muchos que circulan una imagen de prendas de vestir de la línea Trump con la etiqueta “Made in Mexico”.

Hay dos razones que explican que le lloviera duro y tupido a Trump: el poder de los latinos y que a la reacción de México se sumaran intereses económicos.

El poder electoral de los latinos es ya muy importante en las elecciones presidenciales. En varios estados llamados columpio –su resultado oscila entre republicanos y demócratas— como Colorado, Nevada, Ohio, Florida o Nuevo México, los latinos tienen la suficiente fuerza para hacer la diferencia y cambiar una elección presidencial.

Los latinos constituyen el segmento del electorado más codiciado en las próximas décadas, pues su crecimiento demográfico los llevará a constituir 30 por ciento del total de la población en 2050. Más aún, en la medida que la brecha entre electores potenciales (23.7 millones en 2012) y electores reales (12.5 millones ese mismo año) se cierre, los latinos serán una fuerza electoral temible en prácticamente todos los estados de la Unión.

La fuerza de los latinos también está en el consumo. En los últimos dos veranos, Univisión rompió un “techo” al llegar a tener un rating mayor que las cuatro grandes cadenas en inglés en horas pico y entre el segmento poblacional más valorado por sus niveles de consumo: entre 18 y 49 años de edad. Por ejemplo, de acuerdo al Pew Hispanic Center, entre el 27 de junio y el 24 de julio del 2013, Univisión obtuvo una audiencia promedio en las noches de 1.8 millones, Fox de 1.5 millones y NBC de 1.4 millones. En esta competencia por potenciales consumidores, se calcula que el poder de compra latino ascenderá este año a 1.5 billones de dólares (sí, leyó bien, millones de millones, según la división de consumo de Nielsen). Para ponerlo en contexto, el consumo latino representaría la 11 economía del mundo, con un PIB ligeramente más pequeño que el de Canadá, pero más grande que el de Corea del Sur y México.

Está claro que Univisión y los otros establecimientos comerciales que han roto con Trump están simplemente defendiendo sus intereses de mercado.

Lo excepcional de la reacción mexicana estuvo en que a las declaraciones de los miembros del gabinete –Osorio Chong y Meade– se sumaron importantes empresarios –Emilio Azcárraga y Carlos Slim, quienes igual que Macy´s o Univisión, están defendiendo sus intereses y de paso a nuestro país.

Ahora bien, México tiene más peso en Estados Unidos del que suele adjudicársele, y más aún, una influencia y poder que raramente ejercemos. Desde luego que la relación bilateral es asimétrica. Estados Unidos nos abruma, económica y estratégicamente, pero no por eso dejamos de estar entre los dos o tres países más importantes para los distintos centros de poder de Estados Unidos –el político en Washington, el financiero en Nueva York, y el comercial, social y cultural desparramado por muchos de los 50 estados.

En las últimas dos décadas las élites políticas y empresariales del vecino país han ido asimilando la relevancia positiva y negativa de México. Positiva porque ha sido una bendición un vecino estable que tiene un mercado nada despreciable, destino número dos o tres de sus exportaciones. Negativa porque nuestra injusticia social, corrupción y creciente violencia e inseguridad los afecta.

La paliza a Trump arroja tres lecciones para la diplomacia mexicana.

Primera, si logramos alinear los intereses de México con los de los latinos, tendremos una influencia mayúscula literalmente en las entrañas del poderoso vecino. Nuestra diáspora constituye el grueso de la población latina en Estados Unidos (66 por ciento del total de 55 millones de personas, más de 11 millones nacidos en México). La ofensa de Trump nos puso en el mismo barco y la reacción fue doble y seguramente, en el caso de los empresarios como Azcarraga y Slim, bien orquestada con sus intereses transfronterizos.

Segunda, es importante subir a otros sectores a nuestras pugnas o demandas con Estados Unidos. En este caso el sector empresarial realizó un complemento esencial. Pero, por ejemplo, si el tema fuera ambiental, habría que involucrar a la sociedad civil organizada y a la academia.

Finalmente, no hay que dejar pasar los embustes y ataques a México y a sus intereses en la plaza pública estadounidense. La paliza a Trump sienta precedente: ¿A ver quién es el próximo güerito que arremete contra nuestros paisanos?

Twitter:
@RafaelFdeC

También te puede interesar: 
La profunda crisis del vecino del sur
Carta a Roberta Jacobson, embajadora designada de EU
Eurovisión, un canto a la identidad y diversidad