Opinión

Las izquierdas

1
   

     

Dilma Rousseff

El reciente resultado electoral en Argentina, la victoria de las fuerzas de oposición en Venezuela, la debacle del gobierno de Dilma Roussef y el partido de los trabajadores en Brasil, cuestionan no sólo la sobrevivencia de estas fuerzas de izquierda en el poder, sino especialmente, sus resultados.

Cada uno merece análisis por separado debido a los cambios multifactoriales en cada uno. Tal vez el caso de Brasil esté marcado preponderantemente por la corrupción de servidores públicos de Petrobras y del gobierno de Dilma, pero lo es también por importantes empresarios que han sido consignados debido a su complicidad con funcionarios.

El caso de Argentina obedece al natural desgaste en el poder, a los 8 años de Cristina que se suman a los 4 de Néstor su esposo. Un total de 12 que cambiaron el rostro jurídico y legal de Argentina, en defensa de los derechos individuales y la apertura a expresiones distintas, sin embargo, terminó con un grave distanciamiento con los grupos empresariales, con las clases medias e incluso con los sindicatos. Con todo, Cristina se retiró con un 52% de aprobación popular, un índice que muchos líderes en el continente soñarían con tener.

Venezuela –lo hemos documentado ya- tiene su propio ciclo y su dilema interno de vivir el chavismo sin Chávez, un movimiento revolucionario en el que el profeta, ha desaparecido.

Lo significativo de estas coincidencias en el tiempo y la región, tiene que ver con los resultados alcanzados por estas expresiones de gobiernos con orientación de izquierda.

Los primeros 6 años de Kirchnerismo fueron espectaculares, control de la economía, balance de las finanzas, recuperación del salario, impulso a programas sociales y muchos más. Después, vino el declive que concluyó con un país aislado del mundo, confrontado con los bancos y los acreedores, con índices de inflación galopante y escondidos –maquillados- con control de tipo de cambio, con un aparato productivo disminuido, golpeado.

El caso de Venezuela es el más extremo de todos, su economía está prácticamente destruida, el consumo interno inexistente, el salario pauperizado, enormes segmentos de clase media borrados, convertidos en el lumpen bolivariano. ¿Por qué buscar la igualdad, la equidad de oportunidades, no puede ser hacia arriba, hacia la elevación de los niveles de ingreso y la calidad de vida?. El sello de este gobierno y otros semejantes, parece ser “igualar” a la baja, es imposible hacerlos a todos ricos, o elevarlos a clase media en un país, pero lo irónico es que en los hechos sucede hacia abajo: ahora todos, o muchos son pobres, con segmentos más extendidos de niveles de pobreza y clases dependientes del estado y sus planes de ayuda. Lamentable.

El paquete de programas sociales en Argentina es enorme, muy amplio, de gran ayuda a muchos segmentos. Lo irónico es que en los 12 años de gobierno, en vez de reducir la pobreza, se extendió. Más ayuda para más pobres ¿produce?.

Brasil, la estrella del crecimiento y del desarrollo en la América Latina de la última década y media, consiguió lo que nadie: elevar de niveles de pobreza media o pobreza extrema, a más de 20 millones de ciudadanos. El modelo de Lula, los acuerdos comerciales con China, la venta enorme de productos básicos no procesados, impulsó el crecimiento de Brasil a niveles ejemplares para el subcontinente. Se fue Lula como santo admirado y querido, llegó Dilma y con ella, la desaceleración de China que ha golpeado fuertemente a la economía carioca. Se acabaron los niveles de crecimiento destacado, de hecho, entraron decremento y recesión. Estallaron los excesos, los abusos y escándalos de corrupción y ahora, millones de brasileños salen a las calles a exigir que se vaya Dilma, al personificar en la mandataria, el desastre de múltiples causas y factores. Son ciudadanos que probaron las mieles del ingreso fijo y asegurado, del gasto y el consumo, del crédito y financiamiento. Se rehúsan a volver a la pobreza.

Un elemento sin duda ha sido la crisis mundial, pero otro ha sido el estilo y la estrategia para abordar los problemas. Estos gobiernos de izquierda se equivocaron al ocultar desperfectos y desviaciones, al elegir la vía de solución, al regalar petróleo a los vecinos como si fuera un país desarrollado. Ahí están hoy los resultados.

Chile encabeza un gobierno de izquierda que ha enfrentado sus crisis, pero ha mantenido el equilibrio y sigue con un moderado crecimiento. Bolivia vive la fantasía del gas, que ojalá y dure muchos años –no tantos como para la eternización de Evo en el poder- y controle la enorme ambición de funcionarios que abusan en la abundancia con mayor facilidad que en la estrechez. Ecuador busca su camino –también seducido y contagiado por estos presidentes “para siempre”.

Son modelos que en un período muy corto tendrán que renovarse, reinventarse, hacerse más eficientes y por supuesto, más democráticos.

Twitter:
@LKourchenko

También te puede interesar:
Venezuela: victoria heroica
Gore tenía razón
Francia, el terror