Opinión

Las insidias de un
manipulador:
Adolfo Gilly

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Adolfo Gilly. (Ilustración)

Adolfo Gilly no entendió cuando en octubre pasado lo corrieron a empujones y botellazos de la marcha en solidaridad con los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, porque no querían a gente que sacara provecho político de la tragedia.

Ha reaparecido en la escena con una carta a los padres de los normalistas y les reveló quiénes desaparecieron a sus hijos: los funcionarios del Estado.

¿Cómo lo supo Adolfo Gilly?

Lo leyó en la mirada de Miguel Ángel Osorio Chong y Jesús Murillo Karam: “sus rostros permanecieron atentos e impasibles (mientras hablaban los padres de los desaparecidos), y sólo vi en sus ojos el secreto y la razón de Estado”.

Se necesita ser cretino para acusar a alguien de homicida sin más prueba que “su mirada impasible”.

Ni una señal de respeto hacia el dolor de los padres hay en los dichos de Gilly.

La verdad no le importa. Su interés está únicamente en manipular basado en su percepción ocular. Con esa lógica perversa, si Osorio y Murillo no hubieran recibido a los padres de los desaparecidos, Gilly se habría quedado sin pruebas.

Por lo general el odio conduce a excesos de todo tipo, pero en este caso Adolfo Gilly barrió con toda proporción.

Su carta, publicada en La Jornada del martes, refiere que además de esa reunión hubo otras, “hasta con el presidente Enrique Peña Nieto, sin que hubiera investigación verdadera”.

O sea, los 105 detenidos por la masacre de los normalistas, que incluye a sicarios, policías, expolicías, colaboradores de los criminales, y a los autores intelectuales José Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda, no son producto de una investigación verdadera, sino de una falsa.

La verdadera investigación la realizó Gilly en los ojos del secretario de Gobernación y del Procurador General de la República: ahí estaban el secreto y la razón de Estado, acusa.

Es decir, los 105 detenidos deberían salir libres, porque no fueron ellos los asesinos sino el Estado.

Al finalizar su carta, Gilly exclama: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Todos quisiéramos que regresaran vivos, salvo quienes los secuestraron en Iguala y los mataron en Cocula.

Los asesinos son del mismo bando político de Gilly. ¿Por qué no les reclama a ellos por haberlos asesinado?

Amigos y compañeros de ruta de Gilly saben perfectamente por qué los secuestraron y por qué los mataron. Que les pregunte a ellos, son sus camaradas, y tal vez obtenga una respuesta menos afrentosa que sus latidos después de leer la mirada de dos funcionarios.

Por cierto, el título del artículo de Gilly es “Ayotzinapa, el rayo que no cesa”, que es una copia de un poema, y de un libro de poemas, del pastor de Orihuela, Miguel Hernández.

Además de todo, plagiario.

Twitter: @PabloHiriart

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