Opinión

Las inciertas promesas de los países del G-20

18 febrero 2013 7:10


Prometer no empobrece... es el cumplir lo que aniquila, sobre todo en las políticas cambiarias.
 
Seguramente así pensaron algunos de los gobernadores de bancos centrales y ministros de Finanzas que se reunieron el fin de semana en Moscú.
 
Se trató de la primera reunión del año del G-20, grupo ahora presidido por Rusia, tras la presidencia de México en 2012.
 
La promesa, reflejada en el comunicado surgido de la reunión, es que no habrá una estrategia de 'devaluaciones competitivas' de las monedas de los países desarrollados, con objeto de ayudar a su recuperación.
 
Sin embargo, como declaró el subsecretario de Hacienda de México, Fernando Aportela, asistente a la reunión, no está nada claro si los países desarrollados habrán de modificar sus políticas de expansión monetaria, como resultado de esta reunión.
 
El telón de fondo de esta discusión es el débil crecimiento del mundo industrializado.
 
De acuerdo con los pronósticos del FMI, las economías avanzadas crecerán apenas 1.4% en 2013.
 
Si realmente se cumpliera con el compromiso de no usar las paridades para ganar competitividad en las exportaciones, se estaría reduciendo una amenaza que se cierne sobre países como México: la posibilidad de que haya movimientos erráticos de capitales.
 
De acuerdo con los datos del Banxico, el monto de valores públicos en poder de extranjeros ascendió al cierre del año pasado a 1.7 billones de pesos.
 
En dólares, este monto es de 132,000 millones. Durante el año pasado se agregaron 61,000 millones de dólares a esta cifra y en 2011 habían llegado otros 20,000 millones.
 
El efecto de la llegada de estos dólares fue fortalecer al peso y por tanto hacer perder competitividad a las exportaciones.
 
Políticas monetarias expansivas en el mundo desarrollado, que abatan las tasas de interés y debiliten sus monedas, generan el crecimiento de estos flujos.
 
El problema es que en un ambiente internacional incierto, podría aumentar por cualquier razón la percepción del riesgo y, entonces, una proporción importante de estos capitales se podría ir a activos en dólares en poco tiempo, generando tormentas cambiarias.
 
No es ninguna novedad esta consideración, pero sigue siendo la amenaza más importante a la estabilidad que enfrenta un país como el nuestro.
 
Para México, también hay un telón de fondo que puede condicionar las decisiones de política monetaria en este año.
 
Hay consenso entre las autoridades que no sería conveniente imponer restricciones o impuestos al movimiento de capitales, como sucede en otros países, pues eso generaría de por sí desconfianza.
 
Sin embargo, desde el pasado 18 de enero, cuando la Junta de Gobierno dejó abierta la posibilidad de bajar las tasas de referencia, existe la opción de hacer perder competitividad a los rendimientos ofrecidos por los activos en pesos, y por tanto desincentivar la llegada de capitales.
 
Con una economía estadounidense que va a aflojar su crecimiento este año y el peso fuerte con el que contamos, es muy probable que las exportaciones manufactureras finalmente se desaceleren de manera visible.
 
No va a ser posible que las ganancias en la participación del mercado compensen la caída en el ritmo de la demanda global de los estadounidenses.
 
Con ese cuadro, va a ser cada vez más viable que México no se quede con los brazos cruzados.
 
El próximo viernes 8 de marzo vendrá la próxima decisión de política monetaria de la Junta de Gobierno del Banxico y va a ser muy esperada, pues seguramente arrojará luz respecto a la actitud que tomará el banco central de nuestro país frente a este complicado entorno que tendremos en el mundo... pese a las promesas de los países que forman el G-20.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx