Opinión

Las horas contadas

Ángel Heladio Aguirre Rivero, el impresentable gobernador incómodo de Guerrero, tiene las horas contadas. Esta misma semana podría decidirse su suerte, porque enfrenta la disyuntiva de solicitar licencia antes de ser echado del gobierno.

Ángel Aguirre se ha quedado solo. En su partido hay una fuerte corriente que apoya la opción de su salida lo más pronto posible, antes de que siga dañando la imagen del Partido de la Revolución Democrática. El Partido Acción Nacional quiere colgar en su sala de trofeos la cabeza de Aguirre Rivero. Por ello, ya solicitó al Senado que declare la desaparición de poderes en Guerrero, aunque los que saben del tema dicen que su iniciativa no tiene mucho futuro porque es jurídicamente débil. Mientras tanto, el Partido Revolucionario Institucional se pronuncia porque Aguirre afronte el desastre de su gobierno y no se vaya antes de arreglarlo.

Además, para el gobierno de Enrique Peña Nieto ésta es la peor crisis política en lo que va de su administración. Recordemos que Guerrero es el segundo estado más visitado por el presidente Peña, apenas abajo del Estado de México. Parece que ahora el debate está en quién podría asumir el cargo a la salida de Aguirre Rivero para los diez meses que le quedan a su administración.

Pero antes de que todo esto ocurra, se requiere de una definición clara y sin titubeos del PRD. Su nuevo presidente, Carlos Navarrete, se acerca más a la idea de que Aguirre se vaya. La corriente que representan Alejandro Encinas y Miguel Barbosa coincide. Sin embargo, Los Chuchos, quienes apoyaron y llevaron a Navarrete a la presidencia del partido, no apoyan la idea de que Aguirre deje la gubernatura de Guerrero.

Durante el Consejo Nacional del PRD, el pasado fin de semana, Carlos Navarrete ‘agarró el toro por los cuernos’. Reconoció que, apenas asumió la presidencia perredista, le estalló la realidad en las manos. Delineó un plan de cinco puntos para recuperar la confianza ciudadana en el partido.

La autocrítica no es un ejercicio popular en ninguna organización o individuo, y menos en un partido político conformado por distintas corrientes que se disputan cuotas de poder. Sin embargo, Carlos Navarrete fue claro: “Un partido como el nuestro no debe perder la capacidad de indignación y debemos corregir el rumbo. No podemos seguir postulando candidatos sólo porque son los que pueden ganar elecciones sin evaluar su fama pública, su trayectoria, su honestidad. No podemos seguir ganando gobiernos o llevando legisladores a las cámaras sin evaluar su desempeño, sin fortalecer su gestión, sin actuar cuando haya indicios de comportamientos indebidos”, dijo.

Eso mismo deberían estar pensando todos los partidos políticos del país.

Por cierto...

Por ahí se dice que Ángel Aguirre Rivero está dispuesto a dejar la gubernatura de Guerrero si logra negociar el mayor de sus proyectos: garantizar la candidatura del PRD a presidente municipal de Acapulco para su hijo, Ángel Aguirre Herrera. ¿Será?

Twitter: @Cachoperiodista