Opinión

Las fotografías de Peña

La audacia de subirse a un templete frente a miles de estudiantes y enfrentarlos para despresurizar el conflicto en el Politécnico, le trajo al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, múltiples elogios en medios y opinión pública. Hubo quien, incluso, afirmó que había sido su primer acto de campaña rumbo a la presidencia. Un poco exagerado, pero en la búsqueda de una figura presidenciable en el gabinete de Enrique Peña Nieto, Osorio Chong se convirtió en lo único asequible hoy, para 2018. La presencia de un secretario de Gobernación que mostrara coraje y tomara riesgos, contrastó con años de mediocridad, que generó un aplauso casi unánime. Bien visto en Los Pinos. Y mal visto en Los Pinos.

Con un diseño de presidencia tripartita, donde el presidente Peña Nieto gobierna a través de sus tres brazos –Osorio Chong, Luis Videgaray, secretario de Hacienda, y Aurelio Nuño, jefe de Oficina–, la supremacía de uno de ellos en la opinión pública genera desequilibrio en el modelo. Al romperse la simetría se convirtió en un problema para el presidente, cuyo manejo de la sucesión presidencial, como lo fue en el Estado de México cuando escogió a su relevo, fue que nadie pareciera ni pensara que era el elegido.

Peña Nieto es un político que se disciplina al libreto, por lo que es improbable que dé señales sobre sus preferencias para 2018 tan temprano en el proceso. Lo mandó a Bucareli el día que llegó la marcha de los estudiantes, acortando una comida con él en Los Pinos. Pero de ello a pensar que quiso transmitir un mensaje sobre su secretario de Gobernación, hay mucha diferencia.

Osorio Chong, como otros en su entorno, tienen que probar todavía si son material presidenciable. Es lo mismo que hizo Peña Nieto en el Estado de México, cuando analizó cómo actuaban los precandidatos a sucederlo. Un hombre pragmático y frío en las decisiones políticas, no iba a permitir que la coyuntura le arrebatara la iniciativa de las manos.

La solución fue una fotografía. La del jueves 2 de octubre, que difundió la Presidencia, donde, de acuerdo con la información entregada a la prensa, se había analizado el pliego petitorio de 10 puntos que entregaron los estudiantes del Politécnico al secretario de Gobernación dos días antes. En la fotografía estaban a los costados del presidente, Osorio Chong y Videgaray; junto a ellos el secretario de Educación, Emilio Chuayffet, y Nuño. En el extremo, el subsecretario de Gobernación Luis Miranda –el más cercano de todos ellos al presidente–, y el jefe de la Unidad de Enlace Federal, Alejandro Ozuna.

La semiótica a todo lo que da en la Presidencia, donde Peña Nieto es experto en el manejo de los signos como parte de su narrativa política. Lo que con esa imagen [dijo] es que la toma de decisiones sobre el Politécnico no es individual. Era la presidencia tripartita de siempre, con los invitados de acuerdo a la ocasión. Osorio Chong no era menos que Videgaray, ni estaba excluido del proceso Nuño. La decisión la toma el presidente y Osorio Chong, como cualquier miembro de su gabinete, la ejecuta. El método y el proceso, como todas las cosas en el Olimpo presidencial, se realizaron en forma colegiada.

Para poder entender cabalmente la importancia de la difusión de esa fotografía, hay que señalar que hubo reuniones previas idénticas para analizar los eventos en el Politécnico, de las que no se supo nada. No tenían que esperar el pliego de demandas para analizarlo, porque los estudiantes lo habían hecho público. Si acaso, evaluar los costos-beneficios de aceptar y anunciar Osorio Chong la renuncia de la directora del Instituto, Yoloxóchitl Bustamante. Darla a conocer a los medios no fue un mensaje para los estudiantes, sino para la clase política.

Osorio Chong estuvo muy bien, pero que nadie se equivoque. La tarea que le encomendó el presidente la ejecutó como esperaba Peña Nieto. La reivindicación que tuvo ante la opinión pública, era innecesaria en Los Pinos. Osorio Chong, amigo hace tiempo del presidente, cuenta con su aprecio y su confianza, y el único momento de crisis donde su credibilidad ante él estuvo en juego –cuando la viabilidad de Michoacán estuvo en el umbral del quiebre a principio de este año–, lo superó ampliamente. Que nadie se equivoque, una vez más. Es uno de sus tres hombres fuertes pero, por ahora, no más.

El secretario de Gobernación, como el de Hacienda, tienen la tarea pendiente de consolidar las reformas para que las ruedas del cambio puedan mover a México, para que empiecen realmente a avanzar. Su jefe de Oficina, al que el presidente le agradeció su trabajo anónimo en el Pacto por México con otras fotografías –en las Naciones Unidas, donde lo llevó para que estuviera presente en todos los encuentros de relevancia, en señal de cercanía–, se encuentra en la misma tesitura.

La presidencia seguirá siendo tripartita, y ninguno de los operadores primos debe sobresalir en detrimento de la imagen pública y política de los otros dos. El poder que tiene ese trío es el acceso y el oído del presidente en igualdad de condiciones. Así funciona el modelo. La calentura mediática alimentó el imaginario colectivo. Pero el presidente lo detuvo tajantemente. La iniciativa política la mantiene él. La sucesión, cuando menos dentro del PRI, también.

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