Opinión

Las fechas del próximo periodo extraordinario

Recuerdo perfectamente que allá en la década de los años 60, cuando el gobierno mexicano se gastaba cualquier cantidad de dinero para sostener la ridícula ficción de lo que se llamó “gobierno de la república española en el exilio”, cómo los personeros del régimen priista y su cauda de columnistas que la hacían de corifeos, cada vez que se ofrecía afirmaban en todos los tonos que el dictador Francisco Franco tenía atontados, narcotizados, enajenados a los españoles con el futbol.

Decían esos analistas políticos de pacotilla que el llamado "Generalísimo" era tan habilidoso, que había encontrado una fórmula eficaz para hacer que los ciudadanos españoles se desentendieran casi por completo de los arduos problemas, particularmente los de orden político, que padecía su país.

Sostenían también que no todo paraba ahí, sino que la fórmula de enajenación era completa. Y perfecta. No sólo estaban los españoles ausentes de los graves asuntos públicos, que era el objetivo principal: mantenerlos alejados, sino también de alguna manera contentos, aun en las derrotas futboleras, por el circo (recuérdese el “pan y circo” que se daba a los romanos) a que este deporte se presta por lo elemental que es.

Hace recordar lo anterior, aunque no se quiera, el calendario que se ha elaborado para el desarrollo del periodo de sesiones extraordinarias durante las cuales se discutirán y aprobarán los paquetes de leyes secundarias relacionadas con las reformas constitucionales en las materias energéticas y de telecomunicaciones. Los días y momentos clave de ese proceso legislativo extraordinario se harán coincidir con las fechas en las que el seleccionado mexicano tendrá participación en el Mundial de Futbol que se estará celebrando en Brasil.

Increíble, pero así es. Reformas que tienen más de una década en espera de ser desahogadas, ahora habrán de serlo precisamente
–siguiendo de alguna forma el “modelo” de Franco- en los días en que se considera que el común de los mexicanos, o un altísimo porcentaje de éstos, andará con el ánimo y la mente puestas sólo y exclusivamente en el llamado “Tri” y en lo que a éste le suceda en el terreno de juego.

No faltará quien diga –y con razón– que el caso mexicano y el español del franquismo no son iguales. Es cierto, son “modalidades” de situaciones diferentes pero que en el fondo son exactamente lo mismo. Si me apuran, el mexicano es peor. O quizá deba decirse que más perverso. Ambos “formatos” parten de dos supuestos básicos: primero, que la población es altamente susceptible de ser enajenada, para que no perciba y pase por alto –y menos aún actúe frente a– decisiones o situaciones que le atañen y le afectan; y segundo, que para obtener este resultado hay que dar con un vehículo enajenante, el soccer, y atizarlo al máximo.

Contra lo que algunos han querido señalar, tal cronograma legislativo no se diseñó para evitar que grandes contingentes salgan a las calles y provoquen grandes disturbios, masivos desórdenes, de forma tal que impidan en las fechas clave, la aprobación de esas esperadas reformas en materia energética y de telecomunicaciones. Nadie puede ser tan ingenuo que realmente imagine que tales cosas van a suceder. El priismo y aun la izquierda seguramente están conscientes de que, con y sin Mundial, es bastante remoto que esos escenarios se lleguen a presentar.

¿Entonces a qué le tienen miedo? En el caso del priismo a la monumental exhibida histórica que por esos días harán. Luego de casi ocho décadas de estar proclamando “que en el petróleo ni un paso atrás”, “que el petróleo es y será siempre nuestro”, y demás frases demagógicas y populistas por el estilo, cómo explican ahora la forma en que reculan. Mejor, piensan, que los mexicanos no se den cuenta, hasta que ya sean hechos consumados y no tengan presente –porque no se enterarán– cómo sucedió. Así será porque durante el curso de esas jornadas nos quieren tener pegados al televisor.