Opinión

Las empresas en
épocas difíciles

 
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Con independencia de su tamaño, cualquier empresa o asociación tiene una capacidad enorme para adquirir obligaciones múltiples con terceras partes más allá de su real capacidad financiera.

Dejando de lado acciones intencionalmente dolosas, no es extraño encontrar en muchas empresas una estructura operativa mal proporcionada a la realidad que el negocio enfrenta, ausencia de concientización y registro de la suma de obligaciones que se van acumulando en el balance o simplemente exceso de optimismo en dueños y directivos.

Mientras el entorno de negocios les es favorable, 'negocios' con altos niveles de pasivos documentados y contingentes pueden ir capoteando las obligaciones con sus flujos de efectivo o crecer líneas de crédito para patear la realidad.

La inercia operativa de estas empresas acostumbra rápidamente a propios y extraños a vivir llevando al mayor límite posible sueldos, financiamientos, proveedores esenciales y costos directos de proyectos, dejando en el retraso indefinido proveedores no esenciales, impuestos o proyectos de mantenimientos preventivos, por sólo mencionar algunos rubros.

Lo reconozcan o no, estas empresas son tremendamente vulnerables a cualquier cambio negativo en el entorno económico. Aun teniendo margen para cierta reducción de costos, basta que un par de variables se muevan negativa y bruscamente en sus respectivos mercados para que la viabilidad de pago de las obligaciones contraídas prácticamente desaparezca y empiecen a dejar de honrar compromisos de forma acelerada.

Sin embargo, cuando se presenta en el horizonte la tormenta perfecta, generalmente son las primeras en quebrar 'como ejotes'. Y es que sólo empresas con balances razonablemente saludables y con una alta dirección decidida a hacer correcciones internas rápidas de acuerdo a lo que el entorno de mercado exija, son capaces de enfrentar (y aguantar) una reducción en sus ventas, afectación de márgenes, retrasos en pagos de proyectos o servicios ya en ejecución, aumentos en las tasas de interés activas, mayor fiscalización de los gobiernos para presionar el pago de contribuciones (atrasadas y en curso), mayor costo en insumos importados, cierre de mercados convencionales y ampliación de plazos para la toma de decisión de nuevos negocios.

Es en estos entornos complicados cuando se recuerda y se valora un negocio saludable. Aquél que se enfoca no sólo en sacar adelante las obligaciones que ha ido contrayendo con cautela y buen juicio, todas razonablemente alineadas a su modelo de negocios; sino aquél que genera flujos de caja positivos, con ventas recurrentes oportunamente cobradas, con bienes y servicios adecuadamente entregados y que está al día en el pago de sus obligaciones fiscales, sus compromisos financieros y sus responsabilidades laborales.

Es en las épocas difíciles, de entornos externos desfavorables, cuando brilla el talento de quienes saben guardar margen de acción, energía y recursos capturados en los días soleados para usarlos en momentos de complejidades extraordinarias en días nublados o con tormenta plena.

En síntesis, las épocas difíciles resaltan la buena gestión directiva de la gestión irresponsable o incapaz. Los momentos de vacas flacas muestran a quienes sí han sido diligentes en la construcción de un negocio financieramente saludable y truenan a los que no.

Así es el mundo de los negocios. Ni a todos les va bien cuando el entorno les es favorable, ni a todos les va mal cuando el entorno les es desfavorable. La gestión directiva cuenta, aunque no siempre se cuente mucho.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

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