Opinión

Las dos historias que
se cuentan de México

DAVOS.- ¿En qué medida los empresarios extranjeros pueden ser convencidos de la historia de que nuestro país está haciendo cambios que lo van a convertir en una nación más competitiva en el futuro?

Hay dos aspectos que deben considerarse al formular la respuesta. El primero es el hecho de que, en efecto, hay pocos países en el mundo que puedan contar que en el último año se hicieron cambios legales tan profundos como los que se efectuaron en México.

En ese sentido, hay mucho que ofrecer por parte del país, lo que está siendo observado por los inversionistas, nacionales y extranjeros, con interés y detalle.

El segundo aspecto es el hecho de que hasta ahora solamente tenemos la nueva infraestructura legal, pero aún no existen realidades derivadas de esos cambios. Y con las reformas legales, México se puso al corriente.

Al conversar con José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, me refirió que en estos aspectos nos estamos apenas emparejando con el mundo, pero nada más. Todavía no hay muchos resultados que se puedan presumir.

Incluso, en el caso de una reforma que el propio Gurría señaló como la más importante de todas por su trascendencia, la educativa, tardará varios años en fructificar.

Lo significativo es que tendremos un proceso que podríamos caracterizar como un “rebalanceo”.

Es decir, por ejemplo en el sector petrolero, en donde México estaba literalmente excluido de los flujos de inversión directa, salvo en el caso de los proveedores de servicios para Pemex, habrá un cambio mayúsculo cuando empiece a llegar el capital para invertirse directamente en la cadena productiva del sector.

Hay empresas que tenían excluido a nuestro país de sus opciones de inversión, que empezarán a considerarlo nuevamente.

En el caso de las telecomunicaciones, si la ley secundaria se confecciona debidamente, también debemos presenciar la llegada de capital –local y foráneo- y una circunstancia de competencia que se pueda parecer a la que hay en otros lugares.

Sin embargo, desde Davos pudo observarse claramente que seguimos con el gran pasivo de la seguridad.

Los asistentes a la reunión con los que hablé no dan mucha importancia al cambio en las estadísticas respecto al crimen organizado que refirió el presidente Peña cuando fue inquirido sobre este tema, y en contraste les llama profundamente la atención lo que sucede en Michoacán.

Es cierto que las empresas hacen inversiones en lugares inseguros si tienen otras ventajas, como las que México ofrece. Pero también es cierto que la seguridad sí es uno de los elementos que valoran cuando se trata de medir los riesgos. Y en este terreno ya no funciona la estrategia de no hablar de la inseguridad, en contraste con el sexenio de Felipe Calderón.

Lo que hoy se necesita son resultados. No va a bastar con las reformas en materia económica para poder contar en los próximos meses la historia de éxito de México. Va a ser necesario que la seguridad aumente también y que se perciba claramente en el día a día un cambio en la tendencia, en la calle, en las ciudades, en las carreteras, la mejoría del ambiente en seguridad.

En este terreno, no es tan relevante para la toma de decisiones la estadística que se pueda ofrecer como el cambio de percepciones.

Cuando en los reportes mensuales del INEGI aparezca una reducción drástica del temor de los ciudadanos a caminar en los alrededores de su domicilio por la tarde, en ese momento se sabrá que el problema ya está cediendo.

Mientras tanto, más vale que sigamos poniendo todo el acento en ese hecho, pues un descuido que eventualmente volviera a deteriorar el ambiente echaría para abajo el esfuerzo de promoción del país, como el que se hizo en Davos.

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