Opinión

Las dos fotografías

    
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Sismo. (Especial)

Algo no cuadra. Han pasado cinco días del temblor de magnitud 8.2 que sacudió a medio país y las autoridades ven una fotografía de la 'ayuda' y los pobladores ven otra completamente distinta.

He tenido la oportunidad de hablar con las dos partes. Por un lado, gobernadores, secretarios, autoridades estatales califican su actuación como un esfuerzo sin precedente en las zonas afectadas, en su panorama, fluye la ayuda sin parar en una zona devastada.

En la otra cara, ciudadanos que voltean a todos lados y son incapaces de reconocer qué están haciendo las autoridades para ayudarlos ¿A quién creerle? Siempre a las víctimas.

Las historias son desgarradoras: Pamela Itzamaray Terán Pineda, regidora de Energía de Juchitán, Oaxaca, describe cómo el apoyo se limita a zonas del centro de la ciudad: “no se han dado a la tarea de ir a las zonas populares”, dice en entrevista para W Radio.

El herrero que levantó la bandera mexicana en el palacio municipal, también en Juchitán, Ángel Sánchez Santiago, que se viralizó en un video a través de redes sociales, me dice que la ciudad está en ruinas: decenas de casas, alejadas del turismo no han visto un solo kilo de arroz como apoyo. La gente permanece en sus casas, en sus patios, en la banqueta, no pueden moverse de ahí, los mismos pobladores han aprovechado la tragedia para entrar a las casas a robar lo que puedan, la rapiña también desgarra la dignidad.

Es cierto, no puede culparse al gobierno por un fenómeno como el sismo del 7 de septiembre, cuya magnitud no se había visto en un siglo en el país, pero atender a víctimas y damnificados sí es su responsabilidad, como lo es la atención oportuna y tener protocolos claros de acción.

¿Qué se puede esperar de un gobierno que ha usado estos días de tragedia nacional para hacer una gira en estas lastimadas partes de la República prometiendo, como en campaña, levantar una ciudad en ruinas?

Ayer, durante un recorrido por Bahía de Paredón, en el municipio de Tonalá, en Chiapas, durante una hora, el presidente Enrique Peña se dedicó a preguntarle a la gente ‘si tenían dónde comer’, a enviarlos a refugios y a tomarse selfies. Pronunció un discurso que no incluye estrategia y para él y el gobierno federal eso es ‘atender la situación’.

¿La verdadera cara del gobierno? A través de la coordinación estatal de Protección Civil, el gobierno de Oaxaca, la entidad que sufrió los mayores daños por el sismo, donde Juchitán está en ruinas y que acumula ya una cifra de víctimas mortales de 75, denunció que hasta ahora no hay en Oaxaca un módulo del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), que es el instrumento de la Secretaría de Gobernación a través del cual los damnificados pueden tramitar el pago a los daños ocasionados por cualquier desastre natural.

No es la primera vez que este instrumento, creado en 2014, falla en la atención de quienes son afectados por causas de la naturaleza. En 2014, el huracán Odile, en Baja California Sur, dejó 15 muertos, más de 11 mil desplazados y daños por más de 15 mil millones de pesos. En 2016, un reporte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) reveló que los apoyos que Fonden registró no habían sido entregados, y que no era el único caso.

La ASF también reportó irregularidades en la ayuda a damnificados, como que no se entregaron mil 200 colchonetas a los afectados por las lluvias de Hidalgo en 2014 y que causaba un daño al erario por 289 mil pesos; o los dos funcionarios que fueron inhabilitados por haber incumplido con la construcción de mil 200 viviendas para los damnificados de los huracanes Ingrid y Manuel, en Guerrero, en 2013.

Las víctimas dicen que la ayuda no llega, mientras el gobierno aprovecha la tragedia para presumir una efectividad que nunca se percibe en la realidad. Es la fotografía de siempre: los funcionarios que acuden después de la tragedia y se paran sobre las ruinas, que abrazan a las víctimas, que en sus discursos hablan de luto y dolor por México, que prometen, que se van y los olvidan.

Twitter: @jrisco

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