Opinión

Las descaradas acciones para mimar de parte
de los republicanos

 
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Hilary Clinton quiere ser presidenta

David Brooks escribió recientemente una columna a favor de Marco Rubio en The New York Times, y de pasada dijo esto: “En esta etapa, probablemente no sea prudente exaltarse mucho con los detalles de los planes de cualquiera de los candidatos. Todos son sumamente inasequibles. Lo que importa es cómo un candidato señala sus prioridades”.

No le sorprenderá enterarse de que discrepo profundamente. Mi experiencia es que la mejor forma de identificar las verdaderas prioridades de un candidato presidencial -y hacerse una idea de su verdadero carácter- es analizando detenidamente sus propuestas estratégicas. Mi opinión aquí se ve fuertemente influenciada por el caso de George W. Bush. Los lectores más jóvenes tal vez no sepan o recuerden cómo eran las cosas en el 2000, pero en esos días la visión universal de los comentaristas políticos era que Bush era un tipo honesto, amigable y moderado. Prácticamente estaba casi solo en lo que respecta a tomar en serio las propuestas económicas del republicano sobre los impuestos y la Seguridad Social. Y lo que veía era un nivel de deshonestidad, irresponsabilidad y radicalismo inusitados en un candidato presidencial de un partido importante. Así que ahí estaba yo, advirtiendo que sin importar qué tan amigable pareciera, Bush era un tipo peligroso.

¿Y cómo resultó?

Ahora tenemos candidatos que están proponiendo recortes fiscales “sumamente inasequibles”. ¿Podemos empezar señalando que no se trata de un fenómeno bipartidista, que no es cierto que todo mundo lo haga? La candidata demócrata Hillary Clinton no está recomendando políticas sumamente inasequibles. El senador Bernie Sanders no ha ofrecido detalles sobre cómo financiaría el servicio médico de pagador único, pero podemos estar seguros de que propondrá algo. Y proponer políticas sumamente inasequibles es en sí mismo una declaración de prioridades: Rubio está diciendo que mantener feliz al Club para el Crecimiento es más importante para él que incluso la pretensión de una responsabilidad fiscal. O si lo prefiere, lo que estamos viendo es una disposición a mimar sin restricciones ni vergüenza.

También, la insistencia de Rubio de que la magia de la economía ofertista de alguna forma pagará los recortes es otra demostración de prioridades: el apego al vudú lo supera todo.

En un nivel más general, yo argumentaría que es un error verdaderamente grave restar importancia a las tonterías estratégicas con una actitud de “así son los muchachos”.

Twitter:@NYTimeskrugman

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