Opinión

Las cuotas que distorsionan la investigación
científica (II)

 
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Hélice del ADN

 Decíamos la semana pasada que con todo lo bueno que pueda tener el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), está contribuyendo a distorsionar la investigación científica en México al inducir, alentar, orientar a los profesionales al cumplimiento de cuotas, como número de artículos publicados y tesis doctorales dirigidas, por ejemplo.

Debe de haber un método más científico para sustentar la distorsión que esto causa, pero algunos testimonios ya apuntan hacia ello. De acuerdo con éstos, muchos investigadores que están en el SNI han encontrado fórmulas para cubrir la cuota de publicaciones y hasta rebasarla para subir de nivel. He aquí algunos ejemplos, que incluso los más convencidos defensores del sistema tendrán que aceptar que se dan:

Un investigador le dice a otro: Te incluyo como autor en el artículo que estoy entregando para publicación y tú me incluyes en el que estás haciendo.

Un directivo de un instituto gestiona recursos para la adquisición de un equipo de investigación y luego lo maneja como si fuera propio. Lo presta para un estudio sólo con una condición: que se le incluya entre los autores.

Otros recurren a artículos basados en machotes, lo que no sólo hacen investigadores mexicanos; tan es así, que revistas especializadas ya han establecido que no publicarán textos que contengan más de 30 por ciento de otro.

Como el cumplimiento de cuotas también incluye dirigir tesis, hay investigadores que al ver que el estudiante no podrá concluirla, hacen el trabajo por él, hasta “pelear” con los réferis de las revistas, con tal de que la tesis se concluya y el artículo se publique.

Todos ganan: el estudiante sale feliz con su título; el director de la tesis ya tiene otra tesis en su haber; el coordinador del programa presume de eficiencia terminal y la institución ya tiene a otro graduado, lo que a su vez contribuye a asegurar que no la saquen del Padrón Nacional de Posgrado y pueda seguir recibiendo becas para más estudiantes. Y luego, el que se tituló sin saber, ya anda asesorando tesis.

Quizá sea el único sistema ganar-ganar que deja pérdidas.

Con esta expectativa, es común que cuando se le pregunta a un estudiante cómo se ve en cinco años, responde que se ve con un empleo en una universidad y como miembro del SNI, sistema cuya creación fue una medida de emergencia, pero que se ha quedado aun cuando ahora los sueldos de los investigadores ya no están rezagados y ya no existen las condiciones que hacían imprescindible un ingreso complementario.

Pero más allá de esto, que es discutible casi por definición, el caso es que el país invierte en ciencia y tecnología, y lo hace ofreciendo educación gratuita y becas para posgrado, así como creando y sosteniendo centros públicos de investigación, pues aunque algunas universidades privadas los tienen también, más de 90 por ciento de los recursos destinados a ello son públicos.

El país invierte y presume los incrementos anuales que se van dando, pero está lejos de obtener resultados que correspondan a la inversión.

Los países en general sostienen a la comunidad científica para que le resuelva sus problemas en, por ejemplo, producción de alimentos, salud, reciclamiento de agua, generación de energía.

Los investigadores suelen defender apasionadamente la libertad de investigación, con todo el discurso que acompaña a esta apología, pero los que han sido beneficiados y cobran salarios de recursos públicos deberían estar al servicio de los problemas que le indique su patrocinador y empleador.

Son cientos las investigaciones inocuas, o francamente inútiles, que son financiadas por el erario, en tanto que la mitad de la población vive en la pobreza, tenemos problemas de energía, salud, producción agrícola…

La investigación científica debería estar ayudando a resolverlos.

El tema obliga a seguir comentándolo el próximo jueves. Hasta entonces.

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