Opinión

Las crisis del siglo XXI

   
1
  

   

pib mexico

Ayer le decía que las tres crisis económicas del siglo XXI han venido de fuera, y que no tienen comparación con las vividas en las últimas décadas del siglo anterior, aunque tal vez haya alguna similitud con 1986.

La primera crisis del siglo XXI fue la llamada “dot com”, porque su origen fue la burbuja especulativa con las empresas de Internet. En marzo de 2000 estalló la burbuja en la bolsa electrónica Nasdaq, y seis meses después se reflejó en una caída de la producción estadounidense. En una recesión, las empresas toman decisiones de largo plazo, aprovechando que de cualquier forma no pueden hacer mucho en la coyuntura. En 2001, China ingresa a la OMC, y una parte no menor de la producción industrial de Estados Unidos se mueve hacia ese país, incluyendo plantas que ya tenían en México. Las personas mayores de 40 años deben recordar cómo en el 2000 se hablaba de Guadalajara como el Silicon Valley mexicano, y cómo dos años después no quedaba absolutamente nada de eso. La peor crisis que hemos sufrido en la industria maquiladora y de exportación, que nos costó diez años de estancamiento en la penetración del mercado estadounidense.

La segunda crisis ocurre en dos momentos para México. Primero, el alza de precios de bienes primarios, que en algunas cosas nos ayudaba, se convierte en un problema mayor en 2007, cuando la extraña idea de fomentar el uso de etanol en Estados Unidos provoca un alza brutal del precio del maíz. El gran golpe que esto significó durante 2008 en el bolsillo de quienes menos ingresos tienen en México, que son quienes más consumen maíz y tortillas, apenas se estaba moderando cuando vino la quiebra de Lehman Brothers y, con ella, el inicio de la Gran Recesión. Una grave irresponsabilidad en la tesorería de una empresa provocó que el dólar se fuera de 12 a 15 pesos en unas pocas horas, y nos tardamos casi dos años en moderar este impacto y más o menos compensar la caída en producción que se originó en los excesos estadounidenses.

La tercera crisis inicia a mediados de 2014, cuando China finalmente se viene abajo. Aterrizaje suave, o no tan suave, o tal vez el preludio de una catástrofe, pero China deja de crecer, deja de comprar, y los precios de los bienes primarios inician un ciclo bajista. Junto con los metales, granos, energéticos y demás, las divisas caen frente al dólar, que es la referencia para todo. Ese proceso nos llevó de los 13 a los 16 pesos por dólar entre agosto de 2014 y agosto de 2015. Todavía entonces, el peso mexicano era una de las monedas que más resistían el fortalecimiento del dólar. Para inicios de 2016, las cosas cambiaron, y nos convertimos en la moneda que más ha sufrido en este año. La razón, me parece, es la amenaza en que se ha convertido la elección presidencial estadounidense, que nos ha puesto las expectativas en contra.

Esta última crisis ha ocurrido en una situación más vulnerable. En 2000 habíamos ordenado mucho nuestras finanzas, y la crisis fue esencialmente de producción. Nos dejó estancamiento, pero no presión financiera. La de 2008 la sorteamos usando déficit fiscal, que después ya no corregimos, de forma que la de 2016 nos toma en una situación de debilidad. Pero nada parecido a lo que ocurrió en las últimas décadas del siglo XX: ni el nivel de deuda ni el tamaño del déficit ni las reservas del Banco de México ni la inflación, tienen parecido alguno.

Así que no. No vivimos la peor crisis económica de la historia reciente. Ni la peor época de la historia. Pare de sufrir.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey



Twitter: @macariomx

También te puede interesar:
La peor crisis, dicen
Se complica
Miedo