Opinión

Las consecuencias políticas del Brexit pueden ser profundas

 
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Brexit (Bloomberg)

Si las consecuencias del Brexit en lo económico son difusas, en el mejor de los casos, en lo político son tanto menos claras, aunque quizá más trascendentes. El Brexit es el primer reclamo claro y estridente de quienes han sido evidentes perdedores en los procesos de globalización. El voto de salida tiene evidentes componentes de nostalgia por volver a un pasado que quizá nunca existió. Entre los más racionales, hubo un claro rechazo a la burocracia cara y excesiva que es tan 'europea' y a la regulación absurda que todo lo obstruye; entre los menos, fue una forma de patear el tablero en un juego que ya no les gustaba, percibiendo que en un nuevo orden difícilmente podrían acabar peor de cómo están.

La importancia económica del Reino Unido prevalece por su tamaño. En lo político, pierden peso. Dejan de ser el interlocutor importante, el aliado de Estados Unidos que movía a la Unión Europea a apoyar el embargo a Irán o que la ponía de su lado en Ucrania. Una Unión Europea más 'alemana', al no tener el contrapeso inglés, es mucho menos atractiva para los otros miembros por muchas razones, históricas las más importantes.

En el Reino Unido la renuncia del líder conservador, y el rechazo al laborista, señalan algo que se ha vuelto evidente: los partidos políticos han dejado de representar a los electores. Los partidos políticos no han logrado mutar, ante una realidad que cambia a velocidad vertiginosa. Han dejado espacios vacíos que son invadidos por políticos oportunistas cuyo mayor talento es convertirse en una especie de perico que repite narrativas que se van arraigando, por irracionales que sean, y poco a poco se apoderan de esos partidos, a pesar de defender cosas que nada tienen que ver con sus plataformas tradicionales. Ese ha sido el caso de Trump, sin duda.

En forma paradójica, el Brexit contribuye a profundizar el mismo proceso de globalización que ha marginado a tantos, al buscar señalar a culpables, y proponer soluciones mágicas (proteccionismo, muros, aislacionismo). Dígase lo que se diga, el proceso de globalización es irreversible e incontenible. Buena parte de lo que estamos viviendo se explica por la poderosa revolución tecnológica, y por la integración de miles de millones de seres humanos que habitan en China, India, Brasil o México, a procesos productivos que antes requerían de cercanía o de presencia física. Esto es posible gracias al surgimiento de internet, de procesos productivos estandarizados, de mejores telecomunicaciones. La integración, real o virtual, de poblaciones jóvenes a países ricos, pero viejos, que no van a tener los recursos para pagar el retiro de esa población, debería verse como una bendición. No lo es por la incapacidad de los políticos para explicar, para articular soluciones realistas que usen las nuevas herramientas, en vez de fomentar el temor a ellas.

Los partidos se aferran a retóricas que son tan populares como destructivas. Me resulta increíble, por ejemplo, que a pesar del colosal problema de desempleo que enfrentan las economías desarrolladas, nadie ha tenido el valor para articular una política fiscal agresiva en la que se aproveche que hoy es posible obtener el costo financiero más bajo de la historia para pagar por grandes obras de infraestructura que incrementen el crecimiento potencial de esa economía, que aceleren su adaptación a la revolución tecnológica que vivimos, que capaciten a la población para ofrecer las herramientas necesarias para insertarse en un mercado laboral que ha cambiado, en vez de [que] simplemente se le pague más a un trabajador por hacer lo mismo, que sea imposible o carísimo correrlo, aun cuando ese tipo de política profundice el problema.

Quizá la única manera de que surjan liderazgos responsables y adoptemos políticas realistas sea si el mundo desarrollado vive una crisis económica mucho más profunda. Ojalá ese no sea el caso.

Twitter: @jorgesuarezv

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