Opinión

Las consecuencias económicas del Brexit son cada vez menos claras

 
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Con el paso de los días, se aclaran poco las consecuencias de Brexit. El Reino Unido no tiene prisa alguna en invocar el Artículo 50, la cláusula de salida de la Unión Europea, a pesar de que Francia y Alemania han pedido iniciar el proceso.

Para ellos queda claro que es la incertidumbre en sí lo que más daño provoca.

De entrada, el mayor impacto económico ha sido para el propio Reino Unido.

Recibieron una reducción en su calificación crediticia, un nivel en el caso de Fitch y dos para Standard and Poor’s, y la libra se sigue debilitando, está en su nivel más bajo en más en tres décadas. La situación afecta, por ejemplo, a empresas alemanas, italianas y francesas en el sector de la construcción, que vendían mucho en el Reino Unido, y para las líneas aéreas inglesas, afectadas por la debilidad de la libra. Se acumulan noticias de empresas tanto inglesas como europeas, como Vodafone, que evalúan cambiar sacar su sede de Londres.

Brexit prolonga una situación que puede detonar la siguiente crisis europea, la de los bancos italianos. Éstos tienen alrededor de 17% de su cartera vencida. Para poner esta cifra en perspectiva, en la crisis bancaria de 2008 sólo 5% de la de los bancos estadounidenses lo estaba. Después de su reestructuración y recapitalización, hoy es un tercio de lo que era entonces.

Para el sector bancario en general, vivimos la peor situación posible, con tasas de interés cercanas a cero o negativas. La principal fuente de ingresos para los bancos proviene siempre del diferencial entre la tasa que cobran al dar crédito y la que le pagan a sus ahorradores (y a otros acreedores) para fondearse. Esa diferencia casi ha desaparecido en el entorno actual.

Europa se encuentra en una encrucijada. Por un lado, sería deseable que el Reino Unido pasara las de Caín después de su decisión, para disuadir a movimientos populistas que adquieren fuerza en Francia, Italia, Holanda, etc. Por otro, parece que tienen la posibilidad de recurrir a la solución más europea posible: no hacer nada, patear la lata y posponer el problema, como lo han hecho una y otra vez en el pasado.

Sería enteramente posible que si el Reino Unido no invoca el Artículo 50, permanezca como miembro de facto de la Unión Europea, que puedan hacer como que salen, sin salir.

Para el Reino Unido, la situación es igualmente compleja. Si aceleran su salida, tendrán que lidiar con temas internos y externos. Adentro, la disolución del Reino Unido parece hoy más posible que nunca, con la salida de Escocia y potencialmente de Gales, a pesar de que estos últimos votaron por salir. Hacia Europa, la negociación de salida sería en extremo compleja, pues Bruselas no puede correr el riesgo de parecer dispuestos a aceptar un acuerdo en el que los ingleses gozan de los privilegios, sin asumir los costos. Entre éstos, la necesidad de pagar sus cuotas y aceptar el libre tránsito que tan claramente alimentó la narrativa anti europea en el referéndum. Si la alternativa para el Reino Unido es adaptarse a una solución como las de Noruega, Suiza o Islandia, pronto se darán cuenta de que estaban mejor como estaban.

Para Estados Unidos la consecuencia es también delicada. El dólar es nuevamente la única alternativa de moneda fuerte confiable, y su fortaleza no sería oportuna pues también los hace posponer la normalización de su política monetaria. En mi opinión, es enteramente posible que Brexit sea el principio del fin del euro, pues marcó el camino para revertir algo que parecía irreversible.

Todas las medidas para fortalecer a la eurozona pasan por procesos de “federalización”, que Europa responda por deuda griega o italiana, que gradualmente se tienda hacia unificar una política fiscal. Ante el resurgimiento de nacionalismos (históricamente indeseable, sin duda), se vuelve imposible pensar que esas soluciones son factibles. Hoy es más posible que nunca que si surge, por ejemplo, una nueva crisis bancaria en Italia, los contribuyentes alemanes pintarán su raya, quizá llevados de la mano de algún político populista, o al menos oportunista, que aproveche ese sentimiento.

Brexit contribuirá a la desaceleración de una economía mundial que ya sufría parálisis preocupante. El peor riesgo posible sería que, además, en los próximos años se acentúe una crisis crediticia que está al acecho en China, otro país experto en “patear la lata”. Ahí sí, que Dios nos agarre confesados.

Twitter:@jorgesuarezv

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