Opinión

Las ciencias políticas se anotan algunos triunfos

 
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A Donald Trump no le importa si su partido lo apoya. (Reuters)

En el pasado mes de noviembre -que parece tan lejano- señalé que los politólogos estaban teniendo algunos problemas con el proceso de nominación republicana en Estados Unidos. Todo el esquema de “el partido decide” los llevó, en general, a esperar convergencia en torno a un candidato convencional como Jeb Bush o Marco Rubio, no el duelo actual entre Mussolini y Torquemada.

Pero aunque las ciencias políticas cometieron una gran omisión en otoño, les ha ido muy bien desde que empezó la temporada de las primarias, al menos en comparación con la erudición política estándar.

Véanlo de esta forma: ha habido dos narrativas sobre la campaña. Una está llena de altibajos, de inercias y de reveses impactantes. ¡Donald Trump está acabado! ¡Donald Trump es inevitable! ¡Bernie Sanders ha ganado siete al hilo! ¿Su candidatura puede recuperarse después de Nueva York?

La otra narrativa ve una contienda bastante estable, donde los resultados estado por estado reflejan principalmente las diferencias demográficas. Según esta visión, la inercia simplemente es una mala metáfora; conlleva tratar como indicio lo que básicamente es ruido; una serie de estados muy blancos con primarias abiertas, que favorecen a Sanders, por ejemplo.

Por tanto, la gran victoria reciente de Clinton en Nueva York no fue un giro impactante en el impulso de Sanders; fue lo que se esperaría en un estado cuya demografía se parece mucho más a la del Partido Demócrata en general que a la de los estados donde Sanders había ganado en las semanas precedentes. (Note que la ventaja general de Clinton en la votación popular, 15 por ciento, es casi la misma que su margen en Nueva York.)

El punto es que el análisis estadístico ha superado consistentemente a la opinión experta sobre la competencia. Las ciencias políticas cuantitativas se están viendo muy bien.

Twitter:@NYTimeskrugman

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