Opinión

Las cárceles, ese oscuro pantano que nos envilece

 
  
 

 

Cárcel

El Inegi, una de las poquísimas instituciones que no ha sido diezmada ni penetrada por la falta de credibilidad, recientemente nos ofrece una radiografía de las prisiones que nos avergüenza y envilece.

Bien decía Justiniano, que a las sociedades se les conoce por la composición de su Parlamento y… por sus cárceles. Durante el arresto, 64 por ciento de las personas son agredidas, son amenazados con levantar cargos falsos, desvestidos, golpeados, vendados los ojos, se les impide respirar, son violados (a ellos y ellas), se les afecta con descargas eléctricas, sufren quemaduras, los golpean... 

En suma, el respeto a los derechos humanos es inexistente, sobre todo si se trata de gente modesta o se ve que se le puede amedrentar para obtener dinero.

El resultado es que 62.6 por ciento señaló haber rendido su declaración bajo presión, ya que sólo 13 por ciento fue aprehendido con orden judicial, el resto 'a la buena de Dios'.

Dice el Inegi que, durante el arresto, los más violentos son los integrantes de la policía preventiva, sigue la policía estatal, luego viene la federal y por último el Ejército y la Marina. Y una vez que, en pleno ejercicio del nuevo procedimiento penal son llevados a prisión, 31.9 por ciento se siente inseguro y se encuentra estresado y temeroso.

Ya en las prisiones, casi 50 por ciento tuvo que compartir su celda con más de cinco individuos y 13 por ciento la compartió con más de 15 personas. De entre ellos, 12.5 por ciento se vio obligado a compartir su cama con un desconocido.

Una vez dentro de los reclusorios, un porcentaje que rebasa 60 por ciento espera condena y eso puede durar meses y hasta años. Estos sitios de detención irónicamente llamados Ceresos (Centros de Readaptación Social), son controlados en buena parte por los propios prisioneros e incluso llegan a la autogestión, es decir, abiertamente son controlados por los hampones, quienes desde ahí siguen dando órdenes tanto para extorsionar a los internos, como para cometer fechorías en el exterior que lesionan a la ciudadanía.

Ahí se planean robos, extorsiones, cobros de derechos de piso e incluso venganzas como la cometida antier en Tamaulipas contra el coordinador de los penales del estado por combatir el autogobierno en el interior de los planteles de la entidad.

¡Son los mismos reclusos los que controlan abiertamente las cárceles! Y cuando se trata de corregir el asunto, asesinan a las autoridades. En otras palabras, en estados trufados por la delincuencia ni las cárceles son suficientes para detener su acción criminal.

¿Se puede hacer algo realmente efectivo para mejorar las prisiones?

En contraste, Isabel Ferrer, reportera de El País, publicó hace dos días una nota sorprendente: “El gobierno holandés decidió vender cárcel vacía para uso recreativo”. Increíble.

El ahorro que han tenido en materia de reclusión debido a los pocos detenidos ha tenido consecuencias inesperadas: les sobra espacio y temporalmente fueron alquiladas esas cárceles a los gobiernos de Bélgica y Noruega para sus propios presos.

No obstante esa medida, los holandeses consideran demasiado caro mantener cárceles y han decidido venderlas, ya que los ayuntamientos desean deshacerse de ellas. El primer intento es convertir una de ellas en un hotel con 180 habitaciones, restaurantes, espacio para congresos y jardines de la firma Van der Valk.

Hasta el momento, dice la nota, se ha utilizado como salas de juegos electrónicos. En suma, en Holanda se da un proceso inversamente proporcional a lo que nosotros tenemos en el país.

Mientras que aquí las cárceles están saturadas y el nuevo sistema trata de eliminar al mayor número de internos, lo cual ha traído un inevitable crecimiento delincuencial, en otras latitudes las cárceles se vacían, ya que el número de quienes cometen ilícitos disminuye y hace que los centros penitenciarios queden vacíos como es el caso de la prisión llamada La Cúpula, en Holanda, que ha sido puesta a la venta con la condición de que los nuevos propietarios le den un uso recreativo.

¿Sirve de algo que se nos diga que avanza la lucha contra el crimen cuando la inseguridad es uno de los mayores males que padece la ciudadanía; cuando la violencia se respira en todo el país? Al principio de la administración se nos dijo que había un programa que realmente sería efectivo contra la delincuencia. Hoy los hechos hablan.

Correo: info@raulcremoux.mx

Twitter:
@RaulCremoux

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