Opinión

Las buenas y malas del ‘Dr. Desastre’


 
Al doctor Nouriel Roubini le pusieron el apelativo del “Doctor Desastre” hace algunos años.
 
 
Resulta que este economista fue de los muy pocos que anticipó la crisis del 2008 desde un par de años atrás. Lo malo es que lo tildaron de loco y no le hicieron caso.
 
 
Nada garantiza que sus predicciones sean acertadas, como lo fueron entonces. Pero al menos son para tomarse en cuenta.
 
 
En el marco de la reunión de Davos, del Foro Económico Mundial, Roubini publicó su visión de la economía mundial para el 2014.
 
Algunos aspectos dan alivio, pero otros preocupación.
 
Vamos con los primeros.
 
 
Este economista utiliza un concepto singular: los “riesgos de cola”, a los que define como sacudidas de baja probabilidad y alto impacto.
 
 
Algunos ejemplos de ellos son: una implosión económica en la eurozona; un nuevo cierre del gobierno de EU o la pelea por el techo de la deuda en ese país; una crisis en China o una guerra en Oriente Medio.
 
 
Su percepción le dice que tales riesgos estarán menos presentes este año de lo que estuvieron en años previos, lo que se traduce en una marcha más suave de la economía mundial, quizás menos propensa a esas turbulencias que vivimos en los últimos años.
 
Pero Roubini, casi por definición, no puede ser optimista. Allí van las malas.
 
En su texto dice:
 
 
“La perspectiva de 2014 también estará ensombrecida por restricciones a más largo plazo. De hecho, existe el riesgo inminente de un estancamiento secular de muchas economías avanzadas, debido al efecto adverso que tuvieron en el crecimiento de la productividad años de desinversión en capital físico y humano. Y las reformas estructurales que estas economías necesitan para impulsar su crecimiento potencial se implementarán con excesiva lentitud”.
 
Es decir, 2014 no será un año malo por sacudidas financieras pero los lastres en las economías más grandes del mundo podrían impedir que la economía despegara, sobre todo para los años siguientes.
 
 
Lo bueno es que Roubini coloca a México en el grupo de países emergentes que pueden tener un mejor desempeño este año, junto con Chile, Colombia y Perú en América Latina.
 
 
El otro aspecto positivo es que entre las economías desarrolladas, la mejor colocada para crecer es la de Estados Unidos, de la que tanto dependemos.
 
 
Sucede que, de tanto en tanto, las economías requieren reorganizarse para adquirir flexibilidad y adaptarse a los entornos cambiantes. Tal y como ocurre con los seres vivos o incluso las personas.
 
Y lo bueno es que pareciera que entre las áreas que se están adaptando más rápido se encuentra precisamente Norteamérica.
 
 
Sin embargo, hay todavía demasiadas condicionantes. Es decir, las posibilidades de “meter la pata” aún son muchas.
 
 
En el caso de México, ayer le comentaba en este espacio, el tema de la inseguridad, que si no se combate frontalmente y con eficacia más que con espectacularidad, puede mermar el atractivo de las reformas.
 
El otro riesgo es el propio aterrizaje de las reformas.
 
 
El caso más evidente es el de la reforma educativa, en la que ya terminó el ciclo de modificaciones legislativas, pero aún no está claro el mensaje de que los maestros serán evaluados.
 
 
Pareciera existir a veces una actitud excesivamente conciliadora que pueda acabar por hacer inútiles las reformas constitucionales y legales.
 
En el caso de la reforma financiera, otra cuyo ciclo legislativo ya terminó, pareciera haber más bases para el optimismo.
 
Pero las interrogantes están a la orden del día en el caso de las reformas en telecomunicaciones y energía, dos de las más relevantes. Y aún después, faltarán los detalles de la implementación.
 
Si nos sirve de consuelo, con todo y todo, México es uno de los países que generan menos dudas en este momento en el mundo.
  
 
Twitter: @E_Q_