Opinión

Las dos batallas más profundas de EPN

Dijo anteayer en estas páginas Luis Carlos Ugalde que él no cree en los dichos del presidente Peña cuando afirma que las reformas estructurales marcarán un antes y un después en la historia del país. No coincido con Luis Carlos. Como escribí aquí el día en que se promulgó la reforma energética, hubo quien nació y murió dentro del periodo de 76 años de la pasada realidad energética estatista. Yo pienso que será fundamentalmente diferente el futuro de la nación bajo las nuevas reglas del juego. Los niños de hoy tendrán una vida adulta muy distinta a la nuestra.

En lo que sí coincido con Luis Carlos es en que hay que cumplir la ley, simple y llanamente, y en que las élites del país deben someterse a su imperio. Pero ese es un principio universal, aplicable lo mismo en Brasil que en Rusia, países que podríamos emular, según Luis Carlos.

La verdad es que en países como Reino Unido o Estados Unidos hay también corrupción. La diferencia es que se trata de actos altamente sofisticados, como la manipulación de las divisas o de las tasas de interés, como se ha visto. Eso sí: si la autoridad detecta problemas de fraude, concurren investigaciones serias, juicios imparciales y penas acorde a los delitos. En eso ciertamente vamos pasos atrás.

Me dio paz escuchar al presidente Peña en la comida de 'Los 300' diciendo que debemos reconocer que el problema de corrupción está anclado en la cultura, y que insistirá en ello. Ya eligió el presidente su siguiente batalla, una colosal: transformar la identidad de la trampa, tan asociada a lo mexicano. No será fácil, y aunque es posible que desde el Ejecutivo se lance una iniciativa que arroje más burocracia, es un primer paso.

La otra batalla de Peña, elegida también con mucho tino, es la lucha contra la informalidad, y el anuncio de “Crezcamos Juntos” como la iniciativa maestra para incorporar a 28 millones de mexicanos a la economía formal. Los incentivos son simples y claros: darles acceso al IMSS, al Infonavit, a una pensión, así como descuentos en impuestos y acceso a créditos y a capacitación.

Dos batallas profundas que van al fondo: luchar contra la corrupción y formalizar a los informales.

Cuando el exalcalde de Bogotá Antanas Mockus sembró mimos en los cruceros de la ciudad para que los peatones cruzaran por las esquinas y cuando repartió tarjetas amarillas y rojas –como en el futbol– para que los conductores la sacaran frente a los cafres, se pensó que los colombianos evolucionarían culturalmente. Hubo avances, sí, pero Mockus nunca se convirtió en presidente.

Cambiar la cultura no puede ser obra de instituciones rígidas, cierto, sino del avance de la sociedad en su conjunto. Pero hay que dar pasos. Por algo se empieza.

Twitter: @SOYCarlosMota