Opinión

Las apuestas fallidas
de Jorge Vergara

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ME. Las Chivas, asunto de Estado.

Hace poco un colega y paisano me preguntó: ¿quién es el personaje más poderoso de Jalisco? El cardenal de Guadalajara, contesté sin titubear. Al colgar el teléfono (ya no se cuelgan los teléfonos, pero en fin) me quedé con la duda de si mi respuesta no era doblemente trasnochada: primero, porque el actual purpurado está muy lejos de la verborrea y el afán de protagonismo de su antecesor, Juan Sandoval Íñiguez; y segundo, porque en una de esas la dinámica social pudo haber evolucionado al grado de que la Iglesia católica está hoy más en los templos jaliscienses y menos en sus calles.

Pero luego vinieron las campañas electorales y quedó claro que, igual que antaño, los candidatos de Jalisco se persignan ante preguntas sobre derechos de homosexuales o interrupción del embarazo.

La única buena noticia sería que el arzobispo José Francisco Robles es un tipo que tiene palabras (no sé qué tan congruentes con sus hechos) más que interesantes sobre el momento que vive nuestro país. (Leer: México atraviesa una crisis nacional, entrevista de ese cardenal con El País hace un mes http://bit.ly/1GC4h43).

En cambio, la mala noticia es evidente: a Jalisco le urgen tanto una narrativa que (ya chole) trascienda al tequila y al mariachi como símbolos de identidad, y líderes que protagonicen junto con la sociedad de aquel estado una nueva historia, una que no esté anclada en lo vernáculo o en las glorias culturales y deportivas, sobre todo del siglo XX.

Por todo lo anterior es que me parece tan lamentable lo que el comerciante Jorge Vergara publicó en su cuenta de Twitter el miércoles, víspera del juego de liguilla en que se enfrentarían Las Chivas y el Atlas.

Esa noche, el dueño del equipo Guadalajara tuiteó: “@RicardoBSalinas te apuesto 1 millón de pesos a que @Chivas pasa a la siguiente ronda. Quien gane, que reparta el millón como guste”. En otro mensaje detalló: “sí @Chivas pasa a la siguiente ronda, el millón de pesos se repartirá entre masajistas, utileros y jardineros de chivas”.

A Jalisco, que vive la peor amenaza en décadas en términos de violencia, le urge que cada uno de sus ciudadanos se planteé cómo va a contribuir a diseñar salidas estructurales de la crisis en que está la entidad, crisis que es mucho más que una de inseguridad.

Que al polémico dueño de Las Chivas, con saldos tan mediocres al frente de esa legendaria institución deportiva, lo único que se le ocurra justo en este momento sea recurrir a un chiste viejo (sus apuestas), habla más de un protagonismo urgido de cambiar de tema que de un liderazgo social. Y habla de mucha insensibilidad.

Vergara debería darse una vuelta al Hospital Civil (al que estaré siempre agradecido por atender a mi padre), para que vea a cuánta gente le cambiaría la vida, literalmente, no con un millón de pesos, sino con la vigésima parte de eso.

Pero no se trata de que regale su dinero (eso de que repartirá entre sus trabajadores el monto de la apuesta es despectivo de la dignidad de sus colaboradores). Se trata de que un clásico como Atlas-Guadalajara parecía una inmejorable ocasión para que la comunidad, Vergara incluido, intente construir algo que tenga significado social. Los equipos más emblemáticos están en la liguilla, y eso podría servir para activar orgullo local, antes que para bravatas estériles.

Para apostar están las cantinas, algunas muy buenas en mi tierra. Sin embargo, hoy lo que está en juego en Jalisco es mucho más que futbol, tequila y mariachi. Ojalá lo entiendan.

Twitter: @SalCamarena

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