Opinión

Las amenazas, tomarlas de quien vienen

 
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Trump. (Reuters)

La recomendación fue contundente: no hay que hacer caso ni a discursos ni a tuits y concentrarse en lo que se dice en las mesas de negociación y en los documentos oficiales del gobierno norteamericano.

Este señalamiento surgió en una discusión con Luis de la Calle y Jaime Zabludovsky, en una de las mesas organizadas por El Financiero, días antes de que comenzara la renegociación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN).

Se anticipaba desde entonces lo que pasó el martes por la noche en Phoenix, cuando Trump volvió a las andadas y cerró su discurso señalando que, aunque el gobierno norteamericano estaba negociando, no esperaba que se llegara a ningún acuerdo, y que, en algún momento, habría que cancelar el Tratado.

Que el presidente de los Estados Unidos, el jefe máximo de los negociadores norteamericanos, haya amagado nuevamente con salirse del acuerdo podría haber ocasionado pánico en los mercados financieros... salvo que quien lo diga sea Trump.

Pareciera que ni los propios inversionistas toman ya muy en serio las declaraciones del presidente norteamericano, a juzgar por el efecto que tuvo en el mercado cambiario.

Tras algún nerviosismo inmediato el martes por la noche, a lo largo de la mañana de ayer el mercado prácticamente desestimó todo efecto práctico de los dichos de Trump.

Si, como dice el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, lanzó esta amenaza como una estrategia de negociación, la verdad es que cada vez genera menos estrés entre los equipos negociadores y propicia en mucho menor medida inestabilidad en los mercados financieros.

Sería muy diferente si alguno de los integrantes del equipo negociador norteamericano fuera quien sugiriera esa acción, así tenga un rango jerárquico menor, porque se entendería que es algo que se está pensando seriamente.

Cuando el ‘miércoles negro’, el pasado 26 de abril, Trump amenazó con salir del TLCAN y el tema se discutió abiertamente en su gabinete, hubo presiones de múltiples grupos del sector privado para que no lo hiciera, pero señalan testigos cercanos que lo determinante para no salirse fue la evaluación del impacto político electoral negativo que la disolución del Tratado tendría en estados del Medio Oeste, que conforman una de las bases sociales más importantes de Trump.

En un personaje como Trump siempre cabe la posibilidad de que pueda tomar decisiones irracionales, incluso contra su propio interés, pero ya se ha visto que en la práctica ha sido posible “amarrarle las manos” (aunque algunos piensan que sería mejor una camisa de fuerza).

Lo que sí debe preocupar es que este tipo de gestos no vaya a influir negativamente en el equipo negociador y vaya a adoptar posiciones más rígidas y agresivas, en el ánimo de quedar bien con su presidente.

Desde luego que México y Canadá deberán seguir negociando, conforme a lo previsto. Sin embargo, lo acontecido el martes por la noche es un recordatorio de que hay que tener listo el Plan B: seguir adelante sin el TLCAN, lo que es perfectamente posible.


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