Opinión

Lanza México marca internacional de gastronomía

 
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En su presentación lucen los colores de la bandera: el verde del chile poblano, el blanco de la nogada y el rojo de la granada. (Cortesía)

Bajo el distintivo “Ven a Comer”, el Gobierno federal pretende articular un pretencioso programa de promoción de la gastronomía mexicana hacia el mundo, para destacar y aprovechar las virtudes de nuestra afamada cocina.

Por sí misma, la idea es sugerente y bienvenida, especialmente en tiempos en que es necesario recordar al mundo algunas de las condiciones que han hecho de México uno de los destinos más ricos en tradición y cultura. El cambio de percepción se convierte en motivo y vocación para todos los que tenemos algo que comunicar, empezando por que lo creamos nosotros mismos.

La marca oficial “Ven a Comer” pretende exportar al mundo el conocimiento de nuestras admiradas especialidades gastronómicas a través de la creación de un grupo de representantes culinarios que actúen como verdaderos embajadores del sabor, un programa de jóvenes talentos que serán enviados a embajadas y consulados para realizar prácticas en el extranjero, y la promoción de platillos y bebidas nacionales en eventos del gobierno federal en otros países.

De las diversas acciones previstas, la forma más efectiva de promoción parece ser la utilización del distintivo “Ven a Comer” como marca de certificación, a la que podrán aspirar aquellos establecimientos que cumplan con los estándares que el programa defina para su utilización.

El empleo de marcas de certificación es uno de los mecanismos más empleados en el mundo para este tipo de emprendimiento, lo que acredita la necesidad de regularlas e impulsarlas en nuestra legislación de marcas.

A los buenos propósitos del programa deben seguir líneas disciplinadas de actuación y política que permitan su progreso y permanencia. En ese sentido, lo primero que esperamos es que la iniciativa no fallezca al momento de concluir este sexenio. La inversión y despliegue de recursos invertidos exige su continuidad en el tiempo o los esfuerzos terminarán otra vez en humo negro.

El otro punto que no debe ser olvidado es que al recordar el enorme valor de este patrimonio –nuestra gastronomía-, se revise por el legislativo lo mucho que está pendiente para ser desarrollado de manera paralela en apoyo de nuestros productos étnicos. Entre otros ordenamientos sigue en la agenda la Ley de Indicaciones Geográficas y Denominaciones de Origen, que es pieza básica y primaria de reconocimiento y protección de productos que han adquirido el nombre del lugar del que son originarios, así como leyes de tutela y promoción de especialidades gastronómicas, tales como las que Europa ha desarrollado desde hace varios años y que le ha representado grandes beneficios.

En los últimos tiempos se han dado a conocer esfuerzos interesantes desplegados por diversas entidades para la promoción de sus marcas estado. El más reciente, el de la Ciudad de México con su marca-logotipo “CDMX”, que pretende regular y rentabilizar el empleo de los símbolos más representativos de la capital del país. Sin embargo, si a esos primeros pasos no sigue un decidido programa de difusión y administración, o si los siguientes ocupantes de los escritorios de las secretarías encargadas desconocen lo avanzado, regresaremos al punto de partida con las manos vacías.

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