Opinión

#Ladyempanadas, ¡aaay, miii viiiidaaa!

 
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#Ladyempanadas. (notiencontraste.com)

En los últimos días la sociedad ha otorgado una cantidad sustancial de títulos nobiliarios a individuos que han merecido el nombramiento de #Lord y #Lady como quizá la Corona Británica nunca imaginó.

Pareciera que ahora lo in será contar con la fama fugaz de ser nombrado así, mientras lo out sería simplemente ser un mexicano corriente y común. No nos extrañe si en algunos meses los millennials adoptan la moda de autoproclamarse #Lord o #Lady, so riesgo de ser un don nadie si no fuera así.

En el camino, los mexicanos abandonaron el uso del adjetivo #Gentleman (¿cómo olvidar al Gentleman de las Lomas?), quizá por la dificultad en la pronunciación, o quizá porque alguien googleó 'Llentelman', malogrando su búsqueda y quedando en ridículo. Así se afianzó lo de #Lord.

Aunque estos nombramientos tuvieron un origen que denunciaba la prepotencia con la que muchos mexicanos se comportan en su vida cotidiana (i.e.: #LordFerrari, #Lordmelapelas, #Lady100pesos y las originales e irrepetibles Ladies de Polanco), lo cierto es que el viernes cambió la connotación de este blasón al surgir al mediodía la llamada #Ladyempanadas, una señora comerciante notoriamente perteneciente a la economía informal, a la que su cliente —que la graba desde su
auto— le solicita la venta del cargamento entero de empanadas que lleva sobre la cabeza:

Oiga, ¿en cuánto tiene las empanadas? A diez, responde la señora. ¿Me vende todas?, le inquiere. Es que no puedo, apenas voy saliendo, señala. P’us de una veeez, para que acabe temprano, insiste. No, no puedo. Es que no se puede, entiende, es que tengo que ir allá pa’rriba.

Provocativo, el cliente señala: Se las pago a 12 pesos, véndame todas. Y la vendedora responde: Las doy a diez, y le ofrece venderle a lo sumo unas diez o unas quince.

Negarse a vender toda la mercancía había estado en la cultura oral popular con la anécdota de la señora que vendía naranjas y que terminaba respondiendo “¿y luego qué vendo?”; pero esta vez, este vídeo logró documentar una realidad: muchos mexicanos actúan en contra de toda lógica económica, incluso teniendo información clara y precisa disponible. En este caso, lo importante no es vender, sino dedicarse a vender, lo que para la señora implica que todavía debía ir “allá pa’rriba”.

Este sinsentido del capitalismo mexicano está muy arraigado. Ocurría lo mismo con los conciertos de Vicente Fernández, el intérprete, quien corría fama de no dejar de cantar hasta que el público cesara de aplaudir, aun cuando a las dos horas hubiese podido legalmente meterse al camerino y dejar a sus fans contentos.

Por eso cuando discutí entre amigos el fin de semana este caso de #Ladyempanadas, no faltó por ahí el sonoro “Aaay, miii viiiddaaa”.

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: motacarlos100@gmail.com

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