Opinión

La volatilidad cambiaria

  
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Coordenadas: Activos en los mercados emergentes fortalecen a las divisas

La volatilidad registrada por el tipo de cambio del peso frente al dólar durante los meses recientes parece haber reflejado principalmente la incertidumbre sobre el porvenir de las relaciones entre México y Estados Unidos. Al absorber de manera inmediata las variaciones en el entorno nacional o internacional, no pueden descartarse movimientos futuros de ese precio en cualquier dirección.

Durante el periodo que va del 8 de noviembre de 2016, día de la elección presidencial de Estados Unidos, al 19 de enero de 2017, víspera de la inauguración del nuevo presidente, el precio del dólar en términos de pesos se incrementó más de 18 por ciento.

Si bien fue significativa, esta depreciación del peso no fue inusitada ni por su grado ni su rapidez. En particular, un debilitamiento proporcional semejante ocurrió en sólo los primeros quince días de octubre de 2008, en medio de la quiebra de Lehman Brothers. Además, de principios de ese mes al inicio de marzo de 2009, lapso durante el cual se registró la mayor presión de la crisis financiera global sobre los mercados nacionales, el tipo de cambio del peso frente al dólar aumentó casi 40 por ciento.

Lo inusual del episodio más reciente es que la depreciación ocurrida en poco más de dos meses se 'corrigió', prácticamente en su totalidad, en un periodo equivalente. En particular, a finales de marzo pasado, el tipo de cambio se ubicó en niveles similares a los previos a la elección.

Considerando la magnitud del debilitamiento inicial, esta corrección no tiene paralelo. Por ejemplo, en las secuelas de la gran crisis global, la reversión del tipo de cambio tomó casi dos años y fue parcial. Los niveles más bajos alcanzados por este precio en 2011 se ubicaron aproximadamente 13 por ciento por arriba de los anteriores a la crisis.

Ahora bien, generalmente no es posible explicar la evolución del tipo de cambio en función de una sola variable. En el valor relativo de cualquier moneda confluyen potencialmente muchos factores, a menudo difíciles de identificar, que la hacen más o menos deseable frente a otras.

Esto es particularmente cierto en el caso del peso mexicano, cuyo mercado cambiario, al contado y de derivados, es el segundo más profundo dentro de las monedas de economías emergentes. Opera las 24 horas del día y la mayor parte de las transacciones se acuerda fuera del país. De ahí que, con frecuencia, los movimientos del tipo de cambio reflejen posiciones globales que rebasan incluso las condiciones de nuestra economía.

Sin desconocer tal complejidad, la volatilidad reciente del peso parece estar explicada por un factor preponderante: las percepciones sobre el impacto de las posibles políticas económicas de Estados Unidos en México. En particular, las advertencias proteccionistas de su entonces presidente electo en materia de comercio, inversión y migración generaron temores sobre el crecimiento potencial de nuestra economía.

Las posturas adversas han incluido las críticas al Tratado de Libre Comercio de América del Norte como un acuerdo injusto para Estados Unidos, la intención de imponer aranceles a las exportaciones mexicanas, las presiones sobre las empresas estadounidenses de reubicar sus inversiones mexicanas en aquella nación, y los ataques a la inmigración mexicana, así como los planes de hacer pagar a México por un muro fronterizo, lo cual podría incluir gravámenes a las remesas.

La economía mexicana está altamente integrada con la de Estados Unidos en comercio, inversión y mano de obra. No cabe duda de que la aplicación de medidas como las mencionadas podría dañar severamente a ambas naciones.

No obstante, la posibilidad de tales acciones se interpretó como un riesgo especialmente para México. Probablemente, en ello influyeron las fragilidades internas de la economía mexicana, así como su elevada dependencia respecto a la de Estados Unidos.

Por lo visto, la suavización posterior de los mensajes de la nueva administración de aquel país y las dificultades enfrentadas por su presidente para la aprobación legislativa de su primera iniciativa en materia de salud, han contribuido a atenuar los temores sobre México, lo que impulsó la apreciación del peso.

Obviamente esto puede cambiar. Si algo nos enseña la evolución histórica del tipo de cambio es que ese precio difícilmente se mantiene estable. La situación puede modificarse con sorpresas en cualquier sentido y de origen diverso.

Dentro de ellas, desafortunadamente, aun no puede descartarse la concreción de medidas desfavorables de Estados Unidos para México. En tal escenario, más allá de la posible volatilidad cambiaria, la principal preocupación sería el efecto sobre el crecimiento económico.

Manuel Sánchez González es exsubgobernador del Banco de México y profesor de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey.

Twitter: @mansanchezgz

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