Opinión

La vital importancia de poder informarnos

Antonio Cuéllar Steffan

Pocas semanas aparecen publicadas noticias tan conmovedoras como la pasada. Los reclamos de libertad y justicia que muchos venezolanos compartieron a través de las redes sociales, las imágenes de protestas masivas, disparos, heridos y muertos, tocaron las fibras más sensibles de todo Latinoamérica y de México en lo particular, y esto se lo debemos a instrumentos valiosísimos que los ciudadanos tienen a su alcance gracias a la tecnología y plataformas disponibles en nuestra época.
Ante situaciones cercanas que han acontecido en algunos lugares de México, la violenta respuesta que el gobierno del Presidente Maduro dio a los estudiantes y al resto de la ciudadanía inconforme nos parece, por decir lo menos, deshonrosa y cobarde.

No dejaron de llamarme la atención dos reacciones inmediatas del oficialismo chavista: una, la argucia que pretendía justificar su proceder con apoyo en la inverosímil hipótesis de que el reclamo estudiantil, masivo como era, constituye parte de una conspiración para derrocar a un gobierno democráticamente electo; y dos, la pronta intervención gubernamental para censurar todo medio de comunicación masiva, empezando por la radio y la televisión, para evitar la propagación de una inconformidad que por su generalidad, desde luego que resulta ser legítima.

Que temor me invade al constatar la clara identificación existente entre el discurso y la reacción de un dictador y la retórica que pregonan los representantes de la izquierda más radical mexicana. En este mismo fin de semana, la entrevista ofrecida por Andrés Manuel López Obrador a la prensa, tras la detención del delincuente más buscado en los últimos años, refleja una misma vocación de los pies a la cabeza. La inveterada facundia de que los males de México se los debemos a la mafia del poder --¿menos lo que ha sucedido en el Distrito Federal durante los últimos tres lustros?--, refleja más que una verdad histórica, un artilugio bien aprendido para manipular a lo que en la España Invertebrada de Ortega y Gasset bien se identifica como el Imperio de las Masas.

El derecho a la información, como lo protege el artículo 6º de nuestra Constitución, hoy elevado al rango de derecho humano, de prerrogativa fundamental de todos los mexicanos, constituye una piedra angular sobre la que descansa nuestra libertad. Siendo este derecho fundamental una parte integral de nuestra Carta Magna, elemento esencial del Pacto Social supremo, todos debemos ser conscientes de lo que implica proteger a ultranza la debida observancia de las normas jurídicas que lo contemplan.

Dos son las perspectivas desde las que el derecho a la información puede ser visto: la transparencia y el acceso a la información pública en poder del gobierno, por una parte, y la conservación de un régimen abierto de participación entre concesionarios y medios impresos, en quienes queda depositada la altísima responsabilidad de informar objetivamente sobre los acontecimientos novedosos.

Hoy se presenta la discusión en torno de cómo se debe calificar una disposición transitoria de la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones con respecto a si las señales de televisión abierta deben o pueden, o no, retransmitirse a través de los sistemas de televisión restringida. Hoy aparece publicada, también, la nota sobre una aparente maniobra contractual para encubrir una asociación entre concesionarios para conjuntar servicios en el ámbito de la telefonía y la televisión, a pesar de limitaciones expresas contenidas en el título concesionario respectivo.

Más allá de la suerte que haya de corresponder a cada caso, sólo considero oportuno reflexionar sobre la trascendente importancia que reviste en este terreno conservar intacto el compromiso de cumplir y hacer cumplir la ley a cabalidad. Más allá de los aspectos técnicos particulares que permitan la conversión tecnológica y la participación de mercado, ¿la conducción de las acciones de los agentes involucrados se ha mantenido dentro de los límites que establece el derecho? El límite de las atribuciones del Estado como garantía de respeto a la libertad, es correspondiente con el límite que los concesionarios deben observar para garantizar la sustentabilidad de una función social en el ámbito de la información que nos interesa a todos.

Lo que sucede en materia de comunicación no afecta a quienes intervienen en el conflicto, nos atañe a todos, porque el cumplimento irrestricto de la ley y la abolición de cualquier intento por perturbar al sistema o acallar a los medios, constituye un factor imprescindible de nuestra democracia.

Otro sí digo

Hoy termina una etapa muy importante en el desarrollo de quienes colaboramos en este espacio, pues la próxima edición, según se me ha informado, será en el formato digital correspondiente. Los nuevos tiempos. No puedo dejar de pasar la ocasión sin expresar mi agradecimiento a El Financiero por la oportunidad que me fue brindada para ocupar este lugar, ni a usted por haberme concedido parte de su tiempo al dar lectura a mis ideas.