Opinión

La violencia televisiva y sus enseñanzas

Si bien tenemos más de un mes que nuestros medios de difusión han colmado sus páginas y espacios informativos con el terrible ensangrentamiento de Ayotzinapa, la relación de crímenes ya tiene años en nuestro país.

¿De dónde ha salido tanta crueldad mostrada de manera y formas que cada vez son más variadas y en las que gradualmente los sacrificios nos sorprenden por su novedad y aunque esté mal decirlo, por su “creatividad”?

Antaño, las películas de acción como Gunga Din, donde los rifleros ingleses se enfrentan a los rebeldes hindúes, o todo el ciclo de los western de John Ford, los muertos por bala lo hacían casi en silencio y sus fallecimientos buscaban pinceladas estéticas al caer o al arrimarse a una barda o poste para emitir el último suspiro.

Ese tipo de muertes eran... casi envidiables.

Más tarde aparecieron series televisivas como Combate en que los norteamericanos luchaban contra los nazis y de un lado y otro morían como moscas ante las ametralladoras y tanques y el espectador sólo alcanzaba a ver cómo los cuerpos saltaban en el aire. Con los Incorruptibles o Intocables, los gánsters de Chicago perecían a manos de la justicia sin que de sus cuerpos perforados por las balas escurriera una gota de sangre. Así llegamos en México hasta el sexenio de Luis Echeverría donde en el quinto año de gobierno, la Secretaría de Gobernación se vio obligada a sancionar 33 series y emisiones debido al contenido violento que mostraban y que lesionaban la escala de valores de niños y jóvenes de entonces. Se llegó a acuñar la frase “ la televisión destruye en las tardes lo que la escuela construye en la mañana”.

Esa violencia era juego de niños comparada con lo que hoy transmite la televisión y en especial la restringida o de paga. En estos medios, que ya llegan al 41 por ciento de la población, la audiencia tiene acceso a películas y series donde la droga y la violencia son los elementos sustantivos.

Los títulos son elocuentes: “Pervertidos y malditos; Asesinos a sueldo; Vengadores despiadados; Zombies mortuorios; Gangrenados y furiosos; La masacre de los ultrajados... Y el muestrario continúa. Además los convenios con los productores les permiten tres, cuatro y hasta cinco repeticiones de tal suerte que la pantalla ofrece permanentemente y en cualquier horario, tramas donde el tráfico de drogas, la trata de mujeres, la extorsión y los crímenes son la columna vertebral de sus guiones.

En consecuencia y de acuerdo con las exigencias que trazan los productores, las escenas de acción se resuelven a patadas, cuchilladas, ahogamientos, quemados vivos, mutilados con moto sierras, ahorcados, triturados por excavadoras, lanzados a abismos hirvientes, descuartizados, electrocutados, destrozados por caimanes, perros y ratas rabiosas.

¿Podemos extrañarnos que las autoridades encuentren fosas con montones de cadáveres calcinados y desmembrados cuando esto es lo que aparece cotidianamente en los más de 100 canales televisivos de las diferentes compañías comerciales televisivas?

Las lecciones de trituración y exterminio de seres humanos son claras, constantes y reiteradas. A ello habría que añadir la chabacanería como forma que envuelve la vida de matones, socios y admiradores en palenques, comedias en las que el valor supremo es la adquisición de sumas estratosféricas al precio que sea.

Esta axiología al alcance de niños, jóvenes, desempleados y desesperanzados, ¿creé usted que influye en la desarticulación social que padecemos en diversas zonas del país?

Twitter: @RaulCremoux