Opinión

La vida es sueño y los sueños, sueños son

  
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La vida es sueño

Hombre: (…) y, en fin, sin Entendimiento
ni Albedrío que me acudan,
tengo aliento que no alienta
y corazón que no pulsa.


Pedro Calderón de la Barca
La vida es sueño, Auto Sacramental.

Escrita durante el Siglo de Oro del teatro español, periodo de 1590 a 1680, el drama filosófico La vida es sueño, de Calderón de la Barca, sigue teniendo una conmovedora vigencia: La Naturaleza como la constante lucha de sus elementos opuestos: Tierra, Aire, Agua y Fuego; El Poder, la Sabiduría y el Amor formando la trinidad creadora del Hombre, que como embajador divino y custodio de las maravillas del mundo, es acechado por la Sombra y el Príncipe de las Tinieblas; el fiel Entendimiento, el caprichoso Albedrío y la Gracia, al amparo del Hombre que buscará recuperar lo perdido a causa de su soberbia.

La actualidad de este texto está hermosamente representada en la puesta en escena de la compañía mexicana Teatro de Ciertos Habitantes, bajo la dirección de Claudio Valdés Kuri. No soy crítica teatral, no manejo la jerga o los términos formales de dicha disciplina, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de advertir el arduo trabajo de año y medio–duración de todo el proceso desde la producción al montaje– que concluyó en una asombrosa interpretación del Auto Sacramental de La vida es sueño.

Con mínimos elementos escenográficos, un vestuario sobrio, moderado y el demandante trabajo actoral que exigía a los 14 los actores en escena el bailar, tocar instrumentos musicales, cantar o recitar los complejos versos del texto de Calderón de la Barca, esta versión de Claudio Valdés Kuri se concentra en el misticismo, la alquimia y el simbolismo de la pieza. Los autos sacramentales son obras cuyos argumentos son únicamente religiosos, temas bíblicos, por lo que montarlos se vuelve todo un reto hoy en día. Pero no puede ser más pertinente La vida es sueño por Teatro de Ciertos Habitantes, la profundidad filosófica de la obra metaforiza la creación del universo y el rol de la humanidad en el mundo, de cómo el hombre necesita encontrarse y confrontarse a sí mismo; la actualidad con la que está presentada hace resaltar rasgos oscuros, existencialistas, incluso nihilistas en Calderón de la Barca.

El final de la obra a ritmo de son jarocho –“el son empata perfecto con la métrica del verso” menciona Valdés Kuri– tan alegre y emotivo, nos revela que ante el caos y el dolor hay esperanza, hay redención, pero no divina, sino a través de una voluntad dirigida por la sabiduría y el entendimiento.

Si el arte contemporáneo es tan polémico, será porque habla de nuestra realidad inmediata, y en su pluralidad de discursos podemos o no compartir y estar de acuerdo con algunas interpretaciones de esta actualidad compartida. Ciertos Habitantes hace atemporal La Vida es Sueño, Auto Sacramental, aunque fuera escrita alrededor de 1670, y su audaz montaje confirma el sobresaliente lugar que esta compañía mexicana tiene, orgullosamente, en el teatro internacional, además de la multidisciplina de sus integrantes y el dinamismo escénico.

Alentar los proyectos artísticos respaldados por trabajo, nobleza, responsabilidad y amor por lo que se hace es fundamental para nutrir cualquier disciplina o escena artística, sobre todo en estos momentos, cuando nuestro país más necesita expresar su turbulenta actualidad.

La próxima presentación de La Vida es Sueño. Auto Sacramental, por la compañía Teatro de Ciertos Habitantes, será dentro del Festival del Centro Histórico, a finales de marzo. Verdaderamente un imperdible.


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