Opinión

La vida en rosa

    
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El vino rosado resalta los sabores mexicanos.

“Cuando él me toma en sus brazos y me habla en voz baja, yo veo la vida en rosa” 
Edith Piaf

Es frecuente escuchar a bebedores de vino –generalmente arriba de los 50 años de edad– afirmar que “el mejor blanco es el peor tinto”, así que del rosado mejor ni hablemos. La ignorancia no permite disfrutar algunos placeres de la vida como beber vino rosado.

En México es muy usual identificar el rosado como vino dulce, gracias al posicionamiento de marca que tuvieron vinos provenientes de la denominación de origen Anjou, ubicada en el valle de Loire a finales de los ochenta. Pero los rosados no se limitan a un estilo de vino dulce, de hecho los mejores rosados son apreciados por su ausencia de azúcar residual, es decir, el azúcar que no se convirtió en el alcohol durante la fermentación.

La mayoría de los vinos rosados en todo el mundo se elaboran a partir de uvas tintas. En términos generales, el proceso consiste en que se prensan los frutos, obteniendo así el mosto que deberá estar en contacto con las cáscaras para que éstas aporten color. Al contacto del mosto con los hollejos se le llama maceración, pero a diferencia de un tinto, la maceración en un rosado dura menos.

Para poder comprender mejor al vino rosado tenemos que hablar de las sensaciones que provoca cuando se bebe. Por ello, es válido tener puntos de referencia como el vino blanco, que siempre será más ácido, mientras que el tinto, astringente. El vino rosado tiene la acidez y frescura del vino blanco con los matices aromáticos de un tinto. Me atrevo decir que es un vino “comodín”, porque armoniza con alimentos difíciles de maridar, tales como ensaladas sin exceso de vinagre, comidas orientales como la tailandesa, vietnamita, china o japonesa, pero principalmente y en términos generales, con nuestra gastronomía.

Imagínense unas deliciosas enchiladas de mole, panuchos de cochinita pibil o los delicadísimos papdzules, acompañados de un vino rosado. Además de ayudarnos a digerir y resaltar los sabores de estos platillos tan elaborados, resultará una delicia refrescante a nuestro paladar

Existen cada vez más opciones de estos vinos en el mercado mexicano. Hoy les recomiendo Madame Babette, un vino del sur de Francia elaborado por la bodega mexicana Mariatinto; o bien, un Emina rosado cuyo precio no rebasa los 200 pesos. Estos vinos se beben jóvenes por lo que le recomiendo beberlos a lo mucho dos años después de su cosecha.

El vino rosado es ideal para refrescarnos durante la temporada de calor, y además muy buena opción para quienes tengan la intención de iniciarse a beber esta milenaria bebida. No se dejen llevar por comentarios producto de la ignorancia y bríndense la oportunidad de probar un vino que enaltecerá muchos platos de nuestra gastronomía.

Con todo respeto para la Piaf –una de las más grandes cantantes del siglo XX–, yo diría que bebiendo vino rosado también se ve la vida de ese color.

¡Salud!


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