Opinión

La vida de Virgilio

 
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Virgilio Andrade, nuevo titular de la SFP. (SFP)

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en su periódico La Razón una entrevista de Bibiana Belsasso con Virgilio Andrade. Este Virgilio que lleva sobre la espalda no a su padre sino a la Secretaría de la Función Pública afirma de sí mismo: “trato de ser muy cuidadoso con lo que como, realmente esa es una disciplina que he tenido desde hace treinta años. Simplemente soy disciplinado y desde niño tenía la costumbre de comer moderado (…) y la razón de dormir poco es porque tengo la obstinación, por llamarle de alguna manera, de terminar los pendientes que siempre hay, no solamente en la vida profesional sino en la personal, duermo cuatro o cinco horas, es más o menos el promedio”. ¡Madre de Dios!

Gamés se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: Gilga se felicita y felicita a México por tener un secretario de la Función Pública que cuida su alimentación; una porra para Virgilio: ¡Jip-jip-hurraaa! ¡Jip-jip-hurraa! Oiga, Virgilio, ¿ni un taquito dorado de vez en cuándo? Así, con su crema y su queso rayado. Con razón se ve tan saludable.

Ahora mal: dormir cuatro o cinco horas es demasiado para un exalumno del ITAM. Por favor, Virgilio, un secretario debe dormir cuando mucho unas dos horas, como Chuayffet, que no duerme desde hace dos años. Con razón no da usted pie con bola. Itamitas no desgarren sus vestiduras, así se las gasta don Virgilio, el dormilón. Aijou, Aijou, a casa a descansar.

Informes
Virgilio le ha dicho a Bibiana Belsasso que no se ha perdido un solo informe presidencial desde el año de 1973, cuando tenía seis años. Cuentan que sus tías decían: Virgilito es muy aventajado, no se pierde ningún informe presidencial. ¡Diantres!, hay casos y cosas que le ponen la gallina de piel a Gamés, o como se diga.

Oigan esto: “que te pongan una cadena nacional a cada rato te va metiendo información. Y luego la afición natural de ciertos temas sobre cómo era un gobierno o de cómo se va comportando un presidente. Sí, desde el 73 no he dejado de ver un solo informe de gobierno. Eso sí es real”.

Lo que son las cosas. Gilga recuerda los informes presidenciales como uno de los momentos infernales de su infancia: Díaz Ordaz, Echeverría, López Porpillo, De La Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, y ya, porque se acabó esa ceremonia vergonzosa. Caracho, que viejo está Gamés.

En cambio Virgilito tomaba notas desde los seis años y les decía a sus amiguitos: qué interesante la creación del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización. Cierto, Virgilito no había nacido cuando se creó el DAAC. Lo que sí es un hecho es que Virgilito paraba el balón durante la cáscara y decía: ¡arriba y adelante! Y entonces le daban la pamba china.

Alma mater
Virgilio es un producto acabado del ITAM y defiende a su institución: “el ITAM produjo nuevo material académico que fue necesario en el gobierno para resolver los problemas económicos de la crisis, particularmente la de 82. Después para estabilizar el país a finales de 88. Esta demanda que tenía el gobierno por funcionarios, más bien por egresados universitarios, con esta formación, fue lo que hizo que el ITAM tuviera más relevancia”.

Ah, querido Virgilio, si la historia hubiera terminado en el 88. Por desgracia, luego de esas crisis sobrevino el siniestro año de 94 y la crisis de 95, la mayor crisis financiera del México moderno encabezada por el hoy inexplicable héroe cívico Ernesto Zedillo. Estas crisis provocadas seguramente por un grupo de itamitas zarandearon al país. Gil cantó y bailó: Like a Viryi, touched for the very first time.

Mientras usted veía informes presidenciales, Virgilio, las personas se quedaban sin trabajo, vendían sus coches, remataban sus casas; sí Viryi, Gil se lo jura por Dios que lo mira. Itamitas, ahora sí: desgarren sus vestiduras.

Cuando Virgilio se propone la profundidad, la logra sin piedad: “me gustan muchas variedades de la comida mexicana y de la internacional, las pastas, la italiana”.

¡Virgilio! ¿Qué falta de educación es ésa? Discúlpese con los lectores, ¿no quedamos en que usted comía un espárrago y con eso atravesaba el desierto de Sonora? A su cuarto sin cenar. Por cierto, no se apresure en sus pesquisas sobre los conflictos de interés, tenemos tiempo, nos sobra tiempo. Es que de veras.

La máxima de William Somerset Maugham espetó dentro del ático de las frases célebres: “En ocasiones el exceso es estimulante. Evita que con la moderación adquieras el mortal efecto del hábito”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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