Opinión

La valentía de la autenticidad

    
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Autenticidad (Shutterstock)

Hace un par de días estalló una controversia en el mundo de la divulgación psicológica, que es un buen ejemplo de dos formas distintas de ver la vida. El problema no es teórico ni lingüístico sino filosófico. Las posturas tan opuestas describen dos modos de relación con la cultura dominante. Explico.

Adam Grant publicó en días pasados una crítica a la idea de que ser uno mismo es el mejor camino para vivir. Grant dice que vivimos en la Era de la autenticidad y no sé –a pesar de las decenas de investigaciones que anexa para darle validez a su palabra– en qué se basa para afirmarlo. Mi experiencia como psicoterapeuta me dice otra cosa: en la micromuestra no representativa que forman los pacientes que me consultan, veo a diario hombres y mujeres aterrados de equivocarse, intentando desesperados ajustarse a los perfiles de puesto, tratando de agradarle a la jefa o al jefe que no está feliz con nada y los violenta cuando llegan a expresar duda o debilidad.

Grant dice que se puede ser “demasiado auténtico” como equivalente de imprudente, incontinente verbal, desconsiderado, incapaz de anticipar el impacto que las palabras pueden tener en los otros. Para Grant, ser auténtico es igual a no tener filtros ni conciencia sobre los contextos, descalificando el trabajo de Brené Brown al sacar de contexto la definición de autenticidad. Ya Brown se encargó de responderle a Grant.

Grant piensa que la mayoría de la gente no filtra y utiliza el ejemplo de un escritor desconsiderado que “probó” que si fuéramos auténticos, solo se generaría destrucción de matrimonios, empresas y países, por lo que el único camino que queda es mentir.

Grant sugiere que es una estupidez intentar ser auténtico sobre todo en contextos laborales: “Mantén la boca cerrada, adáptate y no tendrás problemas”, parece el subtexto de su planteamiento.

Brown le responde así: “Grant refuerza estereotipos de género, al recomendar que la gente no debe ser percibida como débil en el trabajo si quiere progresar. Necesitamos una cultura que apoye la vulnerabilidad como una forma de la valentía y el lugar del que surgen la confianza, la innovación, el aprendizaje, atreverse a correr riesgos y ser capaces de sostener conversaciones difíciles”.

Según Brown (y yo elijo su definición) ser auténtico es “la valentía para ser imperfecto, vulnerable y para poner límites”.

Brown explica que ser auténtico significa tener claridad sobre cuáles son nuestras intenciones y conciencia sobre la conexión entre pensamientos, sentimientos y conductas. Es la capacidad de saber qué se quiere compartir, por qué y a quién.

Veo todos los días hombres y mujeres fingiendo ser quienes no son. Actuando como si fueran invulnerables, seguros, decididos y sin miedo. La cultura aplaude el “profesionalismo” de aquellos que no cuestionan y que se someten a un organigrama o a los caprichos de un jefe desorganizado. Las mujeres que dicen lo que sienten son calificadas como demasiado emotivas, los hombres que se atreven a decir que están desgastados o que quieren que cambien alguna reglas del juego laboral, a veces son juzgados como débiles o problemáticos.

Un hombre actúa “como si” fuera más cariñoso para que su mujer deje de reclamarle su frialdad. Él es un buen actor, así que ella le cree y él consigue su objetivo, pero se siente falso, poco sincero. No se atreve a preguntarse si todavía la ama, si ella merece tener una pareja más afectuosa pero sobre todo, qué es lo que a él le impide expresar amor de manera auténtica.

Otro hombre ha vivido huyendo de su pasado, de su origen humilde, de una familia que lo avergüenza. Para ocultarse, gasta cantidades lastimosas de energía y dinero disfrazándose de rico y sofisticado. En repetidas ocasiones, dice que no es feliz y que siempre se siente ansioso derivado de su intento de olvidar de dónde viene.

¿Hay un tiempo y un lugar para la autenticidad, como afirma Grant? No sé si esta sea la pregunta más relevante frente al concepto de ser uno mismo. Es más relevante preguntarse hasta qué grado se deben sacrificar los valores personales, los ideales que atesoramos, para conseguir el “éxito”.

Grant no habla de algo que he atestiguado: el poder curativo de los momentos en que usted se vulneró frente a alguien en quien confía, aceptando que algo le duele, que siente vergüenza, que está exhausto, solo para descubrir que del otro lado alguien lo entiende y no lo juzga.

Renunciar a estas conexiones humanas y vigilarlo todo, incluso su “grado de autenticidad”, es la propuesta de un respetado divulgador que parte de una filosofía pragmática y de sometimiento a las reglas sociales.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Se dedica a la consulta privada y a dar conferencias sobre bienestar emocional.

Twitter: @valevillag

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