Opinión

La vacuidad global

La desubicación de Gloria Rojas Maldonado, delegada de la Secretaría de Desarrollo Social en Jalisco, no requirió de denuncias periodísticas ni de sofisticadas investigaciones para revelarse.

Como existe Facebook (y otros), basta una dosis de soberbia, una cucharada de insensibilidad y un enorme vacío interior para denunciarse a sí mismo.

Hoy, a fuerza de publicar una y otra vez sus fotografías en Facebook, sabemos que al ir a visitar a comunidades marginadas a “repartir los beneficios de Sedesol”, Gloria Rojas exhibe sus marcas favoritas: Louis Vuitton, Chanel y Gucci, entre otras.

Y se sabe también que cuenta con un diseñador y un estilista personal (sólo falta saber si los honorarios de éstos se pagan con recursos del erario). Y es que hay que lucir. Los cargos públicos son para eso, aunque padezca uno la mala suerte de tener que hacerse cargo en una entidad de programas tan poco fashion como la Cruzada Nacional contra el Hambre u Oportunidades, entre otros.

Pero estos programas brindan también, desde luego, Oportunidades, como abrazar a niños o a mujeres pobres (siempre con cuidado, por supuesto, pues el contacto puede ensuciar y, además, hay que estar atenta al ángulo frente a cámara, que recoge fielmente su testimonio de compromiso social).

Y más oportunidades: el cargo permite asistir a eventos diversos a los que acuden los famosos. Basta un acercamiento de unos segundos para obtener de ellos la foto anhelada para correr a subirla a Facebook.

¡Ah, es que es tan bonito que la vean a una en plena jornada asistencial o en el momento cumbre del roce con la fama! Y si hay que ir a colocar una primera piedra de alguna instalación que tentativamente dará servicio a los pobres, se puede superar el mal momento disfrazándose un poco para la ocasión sin perder, claro está, la oportunidad de lucir un chaleco Ralph Lauren.

Las redes sociales tienen múltiples usos. Pero nada tan satisfactorio para algunas y algunos que hacer circular en ellas las fotos para el asombro y, creen, para la envidia.

Ya no hace falta realizar algo de valor, pasar por fatigosos esfuerzos o destacar en una actividad. Basta fotografiarse uno mismo (o hacer que lo fotografíen sus empleados) para estar allí, a la vista, lamentable objetivo de quien padece un gran vacío.

Lo hizo en su momento Paulina Romero Deschamps, hija del líder petrolero, y lo han hecho muchas y muchos, como Serafín Guzmán, hijo de Joaquín Guzmán. Cada quien exhibe lo que le parece presumible: ropa y viajes ostentosos, mascotas, vinos con dinero ajeno, la primera, y AK-47 bañadas de oro y mascotas exóticas, el segundo.

Cada quien cubre su vacío como puede y con lo que tiene, aun cuando, como en muchos casos, lo que tiene sea producto del saqueo, el delito, la corrupción.

La vacuidad no es exclusiva de nuestro tiempo, pero su exhibición eficaz, global, dirían algunos, sí parece serlo. Los adelantos tecnológicos reproducen al ser humano tal cual es, generoso o mezquino, sensible o ridículo, inteligente o estúpido.

Los medios son extensiones de los sentidos del Hombre, dijo Mcluhan. Y de todo lo demás también, sabemos ahora.