Opinión

La unidad nacional

08 febrero 2017 5:0
 
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Bandera

Por César Velázquez Guadarrama.

Los ataques del nuevo Presidente de los Estados Unidos de América Donald Trump a México han provocado una inesperada ola de nacionalismo y de llamados a la unidad tanto en la clase política como en la sociedad en general. Como hace mucho tiempo no se veía, las fuerzas políticas de oposición y la sociedad en general celebraron la decisión del Presidente Enrique Peña Nieto de cancelar su visita a Washington. De igual forma, mensajes de texto con llamados de solidaridad con México se han viralizado en las redes sociales y cientos de personas han puesto en su foto de perfil la bandera tricolor.

Celebro sin duda esta unidad nacional que tanto bien nos puede hacer pero es importante que no caigamos en nacionalismos falsos ni en acciones similares a lo que estamos tratando de combatir. La unidad nacional no significa que todos debamos pensar igual o que no haya una crítica constructiva sobre la actuación de nuestros gobernantes. La unidad nacional no debe llevarnos a políticas proteccionistas que quizá nos hagan más daño que beneficio, dejar de comprar automóviles Ford o café en Starbucks no va a solucionar nuestros problemas.

La unidad nacional nos debe servir para discutir una ruta crítica que nos lleve a un país más fuerte que sea menos vulnerable ante cualquier tipo de shock. A continuación mencionó tres elementos sobre los cuales considero podemos empezar a construir una nuevo país.

Reducir drásticamente la corrupción. No hay duda que uno de los grandes obstáculos al desarrollo y a la cohesión social es el alto nivel de corrupción que se presenta en todos los niveles de gobierno. En medio de la vorágine de Donald Trump pasó casi desapercibido que México descendió 28 lugares en el Índice de Percepción de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional ocupando el lugar 123 de 176 naciones analizadas. El nuevo Sistema Nacional Anticorrupción no va a rendir frutos si no hay una voluntad política y una presión social para acabar con este flagelo.

Cambiar radicalmente la forma en que se gastan los recursos públicos. El gasto del gobierno federal se ha incrementado en términos reales en alrededor del 75% en los últimos 15 años con una fuerte expansión en la presente administración. El incremento del gasto de los gobiernos estatales ha sido todavía mayor. Sin embargo, estos mayores recursos no se han traducido ni en un mayor crecimiento de la economía ni en una disminución de la pobreza pero sí en un crecimiento inaudito de programas sociales muchos de los cuales sólo sirven para fines clientelares y políticos y en obras de infraestructura con un casi nulo impacto social. Un gobierno que gasta más y tiene más programas o acciones sociales no es un mejor gobierno.

Cambiar la legislación electoral y en particular el financiamiento a los partidos políticos. Disminuir el monto de los recursos destinados a los partidos políticos es una señal que puede ayudar a recuperar la legitimidad de la clase política en general. En las últimas semanas han salido a la luz pública infinidad de propuestas, es hora que una se concrete.

Para los ciudadanos, esta unidad nacional nos debe servir para reflexionar nuestro comportamiento diario. No sirve de nada poner la bandera mexicana en la foto de perfil si como empresario gasolinero vendo litros que no son de a litro o si como trabajador finjo una enfermedad para no ir a laborar.

Aprovechemos esta oportunidad para cambiar, no para hablar.

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