Opinión

La unidad nacional como coartada

06 febrero 2017 5:0
 
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Trump

Los llamados a la “unidad nacional” de parte del PRI y sus aliados huelen a naftalina. Se pide a las mexicanas y mexicanas apoyar al presidente de la República frente a la amenaza externa, pero no con posturas consensuadas, no con una política de Estado, sino con banderitas que se ondean al ritmo del Huapango de José Pablo Moncayo.

Por supuesto que los ataques de Donald Trump en contra de México demandan una respuesta nacional, pero ésta no puede provenir de la rendición acrítica de las fuerzas políticas ni de otros actores sociales.

No está llamado a ser el convocante a la unidad nacional un gobierno que con insensibilidad tecnocrática golpea la economía popular, que se ha mostrado incapaz de brindad paz y seguridad a millones, que cuenta con la aprobación de apenas 12 de cada cien mexicanos y que premia la corrupción con impunidad.

Un llamado a la unidad podría encontrar eco si, al menos, tuviésemos certeza de que el gobierno mexicano está, como dicen sus discursos, poniendo por delante la dignidad y la soberanía nacionales.

Pero tenemos sobrados motivos para dudar de ese discurso, porque el gobierno de Peña Nieto ha encabezado no la unidad, sino la venta de la nación, que no es otra cosa la reforma energética que lejos de favorecer a las mayorías en México, está destinada a engordar a las empresas del país que ahora nos amenaza con una asimétrica guerra comercial.

Mientras el gobierno recicla un logotipo de los setenta (“lo hecho en México está bien hecho”), para supuestamente alentar el consumo de marcas nacionales, sus políticas caminan en sentido contrario.

¿Cómo se puede alentar el mercado interno si las políticas de este gobierno, como las de los anteriores desde Salinas de Gortari, están encaminadas a incrementar nuestra dependencia del exterior, particularmente de Estados Unidos? ¿Cómo llamar a consumir la producción nacional cuando la inmensa mayoría de los mexicanos apenas la va pasando debido a la decisión de mantener los raquíticos salarios que tenemos, salarios que no resisten la comparación ni siquiera con pequeñas naciones centroamericanas?

El patán que despacha en la Casa Blanca ha convertido en sus enemigos a todos los mexicanos. La respuesta del gobierno de Peña Nieto fue invitarlo como candidato, despedir al autor de la invitación y luego reincorporarlo a su gabinete (para encargarle, además, la relación con el gobierno de Trump) y lanzar al aire explicaciones increíbles sobre una penosa llamada telefónica que sostuvo con el disparatado de la oficina oval.

Y mientras se anuncia, por enésima vez, el “fortalecimiento de nuestra red consular”, nos enteramos de que altos funcionarios del gobierno mexicano se reúnen con jefes del Ejército estadounidense en nuestra frontera sur.

¿Unidad nacional cuando al parecer el gobierno de Peña Nieto está decidido a seguir siendo obsecuente con el fascistoide presidente estadounidense? ¿Qué negocia el gobierno mexicano en Tapachula?

¿Que México siga haciéndose cargo de esa extensión del muro que es su política migratoria? Con Peña Nieto, deportamos ya el doble de ciudadanos centroamericanos que Estados Unidos. ¿Ese es el camino?

¿Lo seguiremos haciendo mientras Trump llena las cárceles de mexicanos cuyo delito es buscar una mejor vida ya que su país fue incapaz de brindárselas?

Sí, esta hora de peligro nos demanda unidad nacional.

Pero unidad en torno a políticas y programas de gobierno que beneficien a la gente y no sólo a los privilegiados de siempre. Unidad para consensar una estrategia efectiva y común de combate a la inseguridad pública y la violencia. Unidad para instaurar un verdadero Estado de derecho y poner fin a las gubernaturas del saqueo y las deudas eternas.

La unidad que necesita México es para poner fin al “capitalismo de compadres”, cierre de filas contra la corrupción desbocada e impune.

Un grupo que apoya a Peña Nieto ha lanzado una campaña con otra frase que huele a viejo y apela al patrioterismo: “Estamos Unidos Mexicanos”. Ahora, por desgracia, para muchos sólo tiene sentido otro juego de palabras: “Estamos Hundidos, Mexicanos”.

La autora es senadora de la República.

Twitter:@Dolores_PL

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