Opinión

La UNAM, 
¿arma política?

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Graue. (ilustración)

“Ya es hora de que se vayan”, dijo el rector de la UNAM, Enrique Graue, respecto a los vándalos que tienen ocupado el auditorio Justo Sierra de la Facultad de Filosofía y Letras.

¿Y no es hora de que los saquen?, cabe preguntarle al rector.

Es que después de 16 años la comunidad universitaria no puede utilizar ese auditorio pues está en manos de vendedores de drogas y fabricantes de bombas caseras.

Juan Ramón de la Fuente, José Narro y Enrique Graue, tres rectores con sus sucesivas reelecciones, no han quitado a las personas que tienen ocupado el auditorio Justo Sierra. ¿A qué le temen para sacarlos?

O para ser más puntilloso: ¿cuál es el acuerdo político con los ocupantes del auditorio?

Si el grupo de poder al que pertenecen los tres rectores mencionados no ha querido sacar a los ocupantes del auditorio de Filosofía y Letras es por algo.

Y ninguno de ellos (o al menos De la Fuente y Narro) son personas sin experiencia o timoratos, al contrario, son brillantes.

No vaya a ser el caso que los vándalos que mantienen en su poder ese espacio de la Universidad Nacional, sean útiles o funcionales a la Rectoría para usarlos en momentos de dificultades.

Un momento difícil fue, por cierto, la elección del rector que sucedería a José Narro al frente de la Universidad.

En ese trance institucional importante para la máxima casa de estudios, a la junta de gobierno la asustaron con “información fidedigna” que decía que la Rectoría de la Universidad sería tomada en caso de que el elegido fuera Sergio Alcocer.

Pues sí, esa fue la versión –seguramente falsa– que llegó a los que elegirían al nuevo rector.

Y con el auditorio Justo Sierra lleno de bombas y habitado por grupos de narcos, anarquistas y otras ramas de la violencia política, cualquiera lo piensa dos veces antes de arriesgar a la UNAM a un conflicto mayor.

La decisión de la junta se inclinó entonces por otra alternativa: Enrique Luis Graue, del grupo político de De la Fuente y Narro.

Tal vez por mera coincidencia la toma del auditorio le ha sido muy rentable al grupo político que detenta el poder en la UNAM, los mismos años que lleva ocupado el Justo Sierra.

La pregunta es por qué no los han sacado, y cumplir así con la obligación de devolverle a la Universidad un espacio cultural importante.

¿O están dejando que la Universidad juegue, en 2018, un papel relevante en la sucesión presidencial?

Sería gravísimo que algún ambicioso quiera utilizar a la UNAM como herramienta para la sucesión que tendremos en dos años. ¿Otra vez el argumento del miedo y del “necesariato”?

Lo más saludable para la UNAM y para la nación es que el rector Graue actúe ahora y desaloje a los vándalos que tienen en su poder el auditorio.

Ni siquiera son universitarios.

Si los desaloja ahora no habrá tal incendio en CU. Pero si deja que el conflicto siga hasta el próximo año, tal vez ese foco rojo se quiera utilizar como un instrumento de presión en la sucesión presidencial.

Twitter: @PabloHiriart

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